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Fuente: BCCR
Primera Plana
Actualidad


La Penca: 35 años después

Rita Castro Vargas | Jueves 30 de Mayo, 2019

 

El miércoles 30 de mayo de 1984 está grabado en la retina del país: ese día, un grupo de periodistas, en su mayoría costarricenses, fueron víctimas del acto terrorista de La Penca, el cual fue perpetrado en una improvisada conferencia de prensa convocada por el comandante Edén Pastora Gómez con motivo del conflicto guerrillero que vivía Nicaragua.

Según el documental “Onda expansiva”, un primo de Pastora llamó a los directores de medios para invitarlos a la actividad, el 30 de mayo partieron de San José los comunicadores Jorge Quirós Piedra, Evelio Sequeira Jiménez, William Céspedes Chavarría, Roberto Cruz Sandoval, Edgar Fonseca Monge, José Rodolfo Ibarra Bogarín, Arturo Masís Zapata, Nelson Raúl Murillo Murillo, Miguel Ángel Sánchez Castro, Edgar Ulate Cruz, Juan Carlos Ulate Moya, Carlos Vargas Gené, José Antonio Venegas Cordero, Linda Frazier, Tony Avirgan, Joaquín Da Silva, Gilberto Lopes de Castro, Reid Miller, Susan Morgan, Fernando Prado González y Peter Torbiönsson.

Al llegar a La Penca, los reporteros comenzaron a hacerle preguntas a Pastora, fue por ello que se montó una improvisada rueda de prensa y unos 10 minutos después, estalló una bomba, la cual iba dirigida a Pastora y cegó la vida de Frazier del Tico Times, Quirós y Sequeira, camarógrafo y asistente de Notiseis respectivamente, así como de cuatro guerrilleros.

Mirada atrás

Primera Plana conversó con tres de los sobrevivientes, quienes nos narraron ese momento y lo que significa este 35 aniversario.

Edgar Fonseca Monge era periodista de La Nación, él estaba ubicado detrás de Pastora justo al momento de la explosición, para él fue un acto cruel que marcó a su generación, lo hizo valorar mucho más el don de la vida y no deja de darle gracias a Dios por eso.

Juan Carlos Ulate Moya era fotógrafo de La República, tenía apenas 22 años, para él cubrir ese evento es una de las experiencias más importantes de su profesión, aunque también ha estado en otras igual de difíciles.

Ese episodio lo acercó más a Dios, también marcó su vocación de fotógrafo de prensa, aún con las implicaciones que eso tenía.

“En ese momento se usaban dos cámaras, una blanco y negro y otra para color; posterior al estallido de la bomba una de esas cámaras se dañó, solo dos fotógrafos pudimos registrar el evento: José Venegas Cordero (de La Nación) y mi persona, a él se le dañó el flash, entonces lo compartíamos”, recordó Ulate, quien ese día tuvo quemaduras en su brazo y pierna izquierda, además la mitad de la cara llena de esquirlas.

Nelson Murillo Murillo es uno de los rotros más conocidos de esta tragedia, ya que es quien ha estado al frente de casi todos los procesos legales, Murillo trabajaba en Notiseis, tenía 24 años y apenas uno de graduado.

“Me frustró un proyecto que tenía, en ese momento buscaba becas para Argentina o España y especializarme en prensa escrita, fue todo lo contrario, un víacrusis hospitalario bastante largo y retador”, recordó.

La Penca no quebró su espíritu, siguió en Notiseis y luego pasó a Grupo Nación, estando en El Financiero sufrió una especie de colapso, por lo que en 2003 se jubiló.

Jose Rodolfo Ibarra, expresidente del Colegio de Periodistas (Colper) en el 2012, manifestó que antes de La Penca, a muchos comunicadores le molestaban las revisiones físicas y de equipos, después del atentado, más bien solicitaban que las hicieran.

“Los periodistas ticos se creían Superman, porque nunca había pasado nada, se entendió que somos seres humanos, que hay una situación de riesgo y que debíamos prepararnos para una de ellas”, señaló.

Sinsabor por los resultados

Los tres entrevistados coinciden en que este fue un caso complicado, ya que el delito se cometió fuera de territorio nacional, investigaciones y relatos de los sobrevivientes señalaron a Per Aken Hasen, supuesto fotógrafo danés que iba con el grupo, como el autor material, un informe de la Fiscalía reveló que su verdadero nombre era Roberto Vital Gaguine, argentino quien murió en 1986 en Buenos Aires, por ello en 2005, la misma Fiscalía cerró la investigación, pero el caso no prescribe, porque fue declarado de lesa humanidad.

Nelson Murillo es quien más resiente la situación, califica el proceso de duro e incomprendido, ya que una muy pequeña parte de expertos lo han apoyado, asegura que otros colegas y el Colper han sido muy pasivos a la hora de hacer cabildeo: “costó 12 años y cinco meses para que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos aceptara el caso, el Colper nunca se vio muy activo en los medios, presionando y pidiendo cuentas”.

Por su parte, Ibarra aseguró que durante su presidencia en el Colper incluyeron a Nicaragua en la demanda que se interpuso, para el comunicador, quienes debieron actuar de inmediato fueron el Colper y el gobierno de 1984, lo que hicieron las siguientes administraciones fue llevar el pulso de las investigaciones.

Asegura que la parte investigativa está resulta, lo que hace falta es indemnizar a las víctimas, porque el caso no está cerrado en cuanto a hacer justicia.

Ulate es más mesurado, no se siente del todo satisfecho con el resultado, está claro que quien puso la bomba estaba ahí, al día siguiente y ahí acabó todo eso; no le interesó conocer las hipótesis de quien fue el autor intelectual.

Considera que las autoridades judiciales sí le pusieron interés al caso, pero era muy complicado de investigar, en especial porque el supuesto autor salió al día siguiente del país.

 

35 años después

A excepción de Murillo, Ibarra, Fonseca y Ulate siguen activos: Fonseca es editor de su página Puroperiodismo.com, Ulate trabaja en la Agencia Reuters e Ibarra es el encargado de prensa de la Policía Municipal de Escazú.

Aunque Nicaragua está en conflicto, el escenario es muy diferente y la dinámica de los medios ha cambiado, Fonseca logró comunicarse cuatro horas después y vía radio con la redacción, hoy tenemos los teléfonos celulares. Ulate usaba cámara de rollo y tomaba fotos sin saber cómo quedaban, hoy la cámara digital le permite repetir la escena.

Como indicamos, la Fiscalía cerró el caso hace 17 años, pero queda el sinsabor de boca de nunca haber arrestado Vital ni llevado a juicio; las nuevas generaciones tienen la tarea de no olvidar este acto y recordar a quienes abrieron camino en el periodismo nacional y que, pese a las heridas, siguieron y siguen laborando en una profesión que se vive con pasión.

*Fotografías Juan Carlos Ulate Moya, Allan Chacón Soto y Edgar Fonseca Monge

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