Domingo 22 de Julio, 2018
Contorno

Matrimonio igualitario, unión civil o de hecho: ¿Cuestión de principios o de términos?

Adriana Nuñez Artiles *
Viernes 6 de Abril, 2018
El debate sobre el matrimonio homosexual entre sectores de la población costarricense -que están a favor y en contra, prácticamente en números similares- no es para nada sencillo, pues como muchos sabrán, incorpora fuertes argumentos jurídicos, sociales y religiosos.
 
Mientras las personas que apoyan y promueven la legalización de las uniones homosexuales, afirman que se trata de una discusión sobre derechos civiles básicos e igualdad entre seres humanos, quienes la rechazan, son enfáticos al declarar que únicamente el matrimonio entre un hombre y una mujer es, por mandato divino, legítimo, y que la oficialización de las bodas gay atenta contra el bienestar público especialmente porque consideran que perjudica el desarrollo afectivo de los niños.
 
Paradójicamente, este complicado debate está engarzado medularmente a una simple palabra: matrimonio. Quizás si se estuviese discutiendo la situación sin demasiado aspaviento y etiquetada de manera distinta, por ejemplo como “unión de hecho”, posiblemente otro gallo cantaría y el resultado sería también otro, como sucedió en 2013, cuando una pareja estable, constituida por dos hombres, acudió a los estrados judiciales en Guadalupe de Goicoechea a solicitar el reconocimiento de su relación.
 
La palabra “matrimonio” de acuerdo con el diccionario,  se define como la “unión de dos personas mediante determinados ritos o formalidades legales y que es reconocida por la ley como familia”. En la definición ABC, es “una institución social que se caracteriza principalmente por establecer una vínculo conyugal entre sus miembros que serán dos individuos, uno correspondiente al género masculino y el otro al femenino”.
Esta unión no solamente goza de la aceptación social sino que además se encuentra establecida legalmente a través de la pertinente disposición jurídica.
 
En el catolicismo y otras confesiones cristianas, el término corresponde al sacramento que une a un hombre y a una mujer, por el cual se comprometen a vivir de acuerdo a las prescripciones de la Iglesia.
 
El matrimonio se interpreta como un vínculo o estado conyugal. En la práctica común y desde el punto de vista jurídico-formal, es la unión legal de dos personas de sexo diferente; según criterio sociológico, es la institución social que constituye la forma reconocida para fundar una familia; y en lo teológico, es la unión del hombre y la mujer dirigida al establecimiento de una plena comunidad de vida.
 
Así se ha mantenido y entendido esta figura a lo largo de los siglos. Sin embargo, encaminada como está la Humanidad, a subsanar lo que se consideran graves falencias en materia de igualdad, equilibrio, justicia y respeto entre unos y otros, en muchos países del mundo -incluido el nuestro- se han aprobado leyes que procuran mejoras sustanciales en la calidad de vida de los habitantes: unas prohíben la discriminación, mientras otras castigan todos los delitos de odio u homofobia, así como hay las que permiten a las personas transgénero tener sus documentos oficiales, con el sexo que mejor refleja su identidad.  Y más recientemente, la lucha se concentra en alcanzar la figura legal de lo que se ha denominado como “matrimonio igualitario”.
 
En nuestros días, las naciones en las que el matrimonio entre parejas del mismo sexo ha sido aprobado, representan alrededor del 12% del total; es decir, ha sido aceptado en 23 de los 195 países que conforman el mundo. Además, bajo la figura de “unión civil” entre parejas del mismo sexo, se suman otras 11 naciones.
 
Las regiones más amplias geográficamente hablando, donde es legal el matrimonio homosexual -según lo muestra la imagen  del Mapamundi, que a continuación suministramos- corresponden a los colores rojo y naranja, los cuales representan los territorios de  Estados Unidos y Canadá.
 
Naciones en las que se permite el matrimonio igualitario:
 
 
(Fuente: Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, 26 de Junio 2015)
 
En retrospectiva, Dinamarca fue en 1989, el primer país del mundo en reconocer a las parejas del mismo sexo, pero precisamente con una ley de uniones civiles. Luego de 23 años, en 2012, el Parlamento aprobó una norma que reconoció el matrimonio tanto civil como religioso, entre personas del mismo sexo.
 
En 2013 fue aprobado por la vía judicial en Brasil y mediante leyes en Uruguay, Nueva Zelanda y Francia; en esta última nación, se generó una gran polémica que causó profundas escisiones sociales.
 
En el caso del Reino Unido, una ley sancionada por la reina Isabel II en julio de 2013 autorizó las bodas entre personas del mismo sexo, aunque éstas no comenzaron a celebrarse hasta marzo de 2014, pero sólo en Inglaterra y Gales, dado que Irlanda del Norte y Escocia tienen las competencias transferidas.
 
Escocia aprobó en febrero de 2014 su propia ley, que entró en vigor a finales de ese año. A pesar de su cercanía, el matrimonio homosexual sigue sin estar permitido en Irlanda del Norte.
 
A la lista de países que admiten estas uniones se incorporaron en 2015: Luxemburgo, República de Irlanda, México, Estados Unidos y Puerto Rico. La República de Irlanda, fue el primer país en celebrar un referéndum sobre esta temática en el cual  vencieron los partidarios del "sí" en la consulta del 23 de mayo de 2015, con un 62 por ciento de los votos.
Colombia reconoció las bodas homosexuales en 2016 y Finlandia ha sido el último país en el que ha entrado en vigor una norma de este tipo, en marzo de 2017.
 
Países que permiten las bodas homosexuales:   
Europa: Holanda, Bélgica, Suecia, España, Portugal, Dinamarca, Noruega, República de Irlanda, Francia, Reino Unido, Islandia, Luxemburgo, Finlandia y Alemania.
América del Norte: Canadá, Estados Unidos y México (en este caso, solo en algunos estados)
América del Sur: Argentina, Colombia, Uruguay y Brasil
África: Sudáfrica
Oceanía: Nueva Zelanda
Países que solo permiten las uniones civiles de homosexuales:
Europa: Austria, Italia, Eslovenia, Grecia, Estonia, Hungría, República Checa, Suiza.
América del Sur: Chile y Ecuador
Oceanía: Australia
 
Para casi nadie es desconocido que como parte esencial de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, la Organización de Naciones Unidas ha llevado a cabo en los últimos años -y continúa implementando- campañas con las que pretende universalizar los derechos de las personas lesbianas, gais, transgénero y bisexuales (LGTB).
 
En ese sentido, a principios de este año, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, al responder una consulta del Estado Costarricense tramitada por la Vice presidenta de la República, Ana Helena Chacón, recomendó al país -según aclararon luego, de forma “no vinculante”- algunos cambios que a continuación resumimos:
 
-Los Estados (incluido Costa Rica) están en la obligación de reconocer, regular y establecer los procedimientos adecuados para que las personas puedan cambiar su nombre y adecuar los registros públicos de manera que estos sean conforme a la identidad de género auto percibida por el solicitante (en este caso la población LGTB).
 
-Quienes quieran rectificar la anotación de su género, nombre y foto de los documentos de identidad, deben tener garantizado por el Estado, que el trámite esté enfocado en una adecuación integral, basado únicamente en el consentimiento libre e informado del solicitante, sin que se requieran certificaciones médicas y/o psicológicas “que puedan resultar irrazonables o patologizantes”. Se debe asegurar también que el proceso sea confidencial, expedito y gratuito. Además, los Estados pueden proveer una vía administrativa para este proceso.
 
-Se debe proteger el vínculo familiar que derive de una relación de una pareja del mismo sexo.
 
-El Estado debe asegurarle a las parejas del mismo sexo, los mismos derechos que tienen las parejas heterosexuales, incluido el matrimonio.
Precisamente, ya Costa Rica había avanzado en algunos de estos ajustes, sobre todo a partir del año 2015, cuando el Juzgado de Familia de Goicoechea, emitió la sentencia en la cual se reconoció la “unión de hecho” entre los ciudadanos Cristian Zamora y Gerald Castro, quienes dos años antes, habían iniciado un proceso legal para oficializar su convivencia.
 
El juzgado en dicho caso, se pronunció a favor de proteger los bienes de la pareja y de permitirles tomar decisiones médicas en caso de que una de las partes no pudiera; pasos importantes que forman parte de las garantías patrimoniales y en materia de salud, adquiridas con el reconocimiento de esa primera unión de hecho entre homosexuales en nuestro país. 
 
El criterio que según los expertos, se emitió en beneficio únicamente de la mencionada pareja y no como una generalización, fue acogido con beneplácito no solo por los demandantes sino por un segmento importante de la opinión pública costarricense. 
 
No obstante, otra parte de la población y de los sectores de la Iglesia Católica y de las agrupaciones cristianas representadas ante el Congreso, se mostraron hondamente preocupados de que dicho fallo “abriese portillos y creara confusiones”.
 
En un llamado hecho por el Obispo de Cartago Monseñor José Francisco Ulloa, en agosto del 2013, durante una actividad dedicada a la Virgen de los Ángeles, el cual fue difundido por la Red InfoCatólica, el prelado instó a los fieles “a no permitir que se aprueben el aborto y el mal llamado matrimonio gay, porque no defender la vida y la familia es traicionar la fe recibida”. Nuevamente en junio de 2015 –coincidiendo con el fallo emitido por la Corte de Guadalupe- en declaraciones brindadas al periódico La Nación, afirmó: “Una unión de hecho no debería tener los mismos derechos que un matrimonio tradicional. Estoy de acuerdo – agregó el prelado- en que las personas con esta inclinación especial tengan derechos como cualquier ciudadano, pero nunca se puede decir que son semejantes o iguales a un matrimonio normal, natural, que existe en Costa Rica, entre hombre y mujer”.
 
Valga señalar que con anterioridad a la mencionada sentencia, el primero de julio de 2013, 45 diputados de la Asamblea Legislativa, habían aprobado una reforma a la Ley General de la Persona Joven al incluir, en el inciso 4 de esa normativa, un texto que reconoce las uniones de hecho “sin discriminación contraria a la dignidad humana”.
 
Posteriormente, el 24 de junio del 2016, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) avisó que extendería en los meses siguientes, el beneficio de herencia de la pensión por muerte a parejas del mismo sexo. 
 
(Imagen con fines ilustrativos)
 
Desde el 10 de junio 2016, la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) había informado acerca de una modificación a su reglamento del régimen de Invalidez, Vejez y Muerte, con el objeto de otorgar la pensión a las parejas del mismo sexo en caso de fallecimiento de uno de los dos.
 
El beneficio se expandió consecuentemente a los regímenes que tiene bajo su poder el MTSS, a saber: el del Ministerio de Hacienda, el del Registro Nacional, el del Instituto Costarricense de Ferrocarriles, el de Obras Públicas y Transportes y el de Comunicaciones.
 
Al momento de esta decisión, el jerarca de la cartera de Trabajo, Carlos Alvarado, actual presidente electo de Costa Rica, indicó en un comunicado de prensa que se sentía muy complacido por “el avance en el reconocimiento de derechos para la población sexualmente diversa”.
A pesar de estos acontecimientos, en el tema del “matrimonio” igualitario, está claro que persiste una manifiesta oposición entre amplios segmentos de la sociedad civil y entre quienes representan a la mayoría de esos sectores, incluidos especialmente, líderes religiosos de variadas denominaciones. 
 
Algunos de los argumentos en contra y a favor del matrimonio homosexual que se han externado tanto en la tica como en otras sociedades del planeta, en el marco de la discusión sobre la posibilidad de variar la legislación nacional vigente para incorporar el matrimonio igualitario, son los siguientes:
 
Argumentos contrarios:                                          
* Esta norma generaría un caos filiatorio en el Registro de Adopción (¿dos madres?, ¿dos padres?).
* Todo niño tiene derecho a un padre y una madre para su desarrollo integral como persona. Así, conceder la adopción a homosexuales sería perjudicial para el menor.
* Para evitar abusos o desamparo legal a parejas homosexuales no hace falta aprobar el matrimonio homosexual, ya que la mayoría de los beneficios de un matrimonio puede regularse a través de acuerdos legales (por ejemplo, en relación a herencias, transmisión de bienes, propiedades compartidas, etc.).
* El matrimonio es una institución esencialmente heterosexual y esto significa desnaturalizar el concepto de matrimonio, lo que implica pervertir la “naturaleza” del mismo.
 
Argumentos a favor:
* Los niños y niñas hijos de gays y lesbianas deben tener los mismos derechos que los de las parejas heterosexuales.
* Entre otras organizaciones, la Asociación Americana de Psicología, ha señalado en años recientes que no existe evidencia que permita afirmar que padres gays y madres lesbianas influyan en mayor medida en la orientación sexual de sus hijos, de lo que puedan llegar a hacerlo parejas heterosexuales.
* La familia, al igual que toda otra institución, es un producto social sujeto a modificaciones. Las relaciones humanas están atravesadas por la cultura, por eso, las normas y leyes se modifican con el objetivo de acompañar los cambios culturales.
* El matrimonio es civil y no un tema religioso. Cada religión evalúa para sí, si lo acepta o no.
 
En este último aspecto, evidentemente, las distintas denominaciones religiosas, en especial las más reconocidas, las que agrupan a millones de seguidores en el mundo, si bien han expresado la necesidad de mostrar tolerancia hacia la homosexualidad, en el sentido de respetar su decisión de vida y derechos civiles, mantienen una firme posición en relación al tema del matrimonio entre personas del mismo sexo. 
 
En el caso del catolicismo, aunque el máximo líder de dicha iglesia en el mundo no ha respondido directa y abiertamente a tan escabrosa temática, sí ha expresado –para el buen entendedor- opiniones contundentes al respecto. Vivo ejemplo es la siguiente declaración, consignada en algunas publicaciones electrónicas especializadas: 
 
“No existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia” (Papa Francisco)
 
Expresiones semejantes han emanado de las dirigencias ortodoxa, evangélica, adventista y otras religiones. Cabe aclarar que en el caso de la metodista, episcopal, bautista y presbiteriana, la situación difiere un poco, pues existen divisiones recientes entre sus miembros, precisamente porque tienen distinto abordaje del asunto.
 
Tal es el caso de la Iglesia episcopal en Estados Unidos, que admite la homosexualidad desde la Convención General de 2003. Pese a ello, el primer obispo homosexual anglicano/episcopal, Gene Robinson, quien fue confirmado para la sede de su iglesia en Nueva Hampshire en junio de 2005, enfrentó amenazas de muerte y se suscitaron temores de cisma en algunas provincias de la Comunión Anglicana, de aproximadamente 77 millones de miembros, especialmente en las africanas, como la Provincia de la Iglesia Anglicana del Congo. Cabe destacar que a nivel global, se tiende a considerar que las iglesias africanas son más conservadoras. 
 
Por su parte, la diócesis de Nuevo Westminster de la Iglesia Anglicana de Canadá, decidió bendecir los matrimonios homosexuales.
Tras el fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos en junio de 2015, que significó la legalización de la unión entre personas del mismo sexo para todo el territorio norteamericano –decisión que se tomó por 5 votos a favor y 4 en contra- en un comunicado oficial, la Iglesia Adventista del Séptimo Día (División Norteamericana) reafirmó que, a pesar de dicha sentencia “la organización mantiene su creencia fundamental de que el matrimonio fue divinamente establecido en el Edén; reafirmado por Jesús como siendo la unión entre un hombre y una mujer” y agregó: “es importante señalar que esta posición es apoyada por la Iglesia en todo el mundo”.
 
Otros ejemplos: en Francia, durante el mismo año 2015, el Consejo Nacional de Evangélicos, reafirmó su posición al oponerse al matrimonio de parejas del mismo sexo, sin rechazar a los homosexuales, pero señalando que quería ofrecerles más que una bendición, un acompañamiento y una bienvenida. 
 
Por su parte, los líderes de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días han reiterado de forma tajante que la práctica de la homosexualidad es un pecado, aunque establecen una distinción entre las inclinaciones y las conductas.
 
En una aclaración sobre la homosexualidad, emitida en el estado de Utah, en 1998, por Gordon B. Hinckley, uno de los presidentes de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, se incluyó la siguiente declaración con respecto al matrimonio entre personas del mismo sexo: “Permitir semejante cosa sería restarle importancia tanto a la sumamente seria y sagrada base del matrimonio autorizado por Dios como al propósito mismo de éste que es el de tener hijos."
 
A pesar de las décadas transcurridas desde ese señalamiento y a los cambios de legislación recientes que ostentan algunos países, en el discurso actual de innumerables líderes sociales, políticos y religiosos, y de miles de laicos que adversan la legalización del matrimonio homosexual, destacan con enorme arraigo ciertos conceptos con los cuales -según se desprende de investigaciones y encuestas de opinión - concuerda una mayoría de la población en la nuestra y en otras naciones. Algunos de esos argumentos son:
 
-Los activistas de los matrimonios homosexuales quieren redefinir al matrimonio simplemente como una relación personal entre dos partes comprometidas, pero el matrimonio es mucho más que las dos partes involucradas. 
-El matrimonio es una institución social de reglas establecidas desde hace mucho tiempo (basadas en el diseño natural del cuerpo humano) que proporciona a la sociedad la base misma de la civilización: la unidad familiar procreativa. El matrimonio tiene que ver fundamentalmente con los niños y con el civilizar la sociedad tanto del presente como del futuro.
-Solamente el matrimonio tradicional puede procrear y proporcionar consistentemente un ambiente propicio y estable para el crecimiento y desarrollo de los hijos. En este sentido, la "forma de gobierno" más básica y efectiva es la familia tradicional de un padre y una madre.
-Estadísticamente, los niños y adultos dentro de un matrimonio tradicional están mucho mejor preparados social, física, mental, y emocionalmente, que aquellos fuera del matrimonio tradicional.
-Aquellos fuera del matrimonio tradicional no solamente están peor preparados personalmente en estos campos, sino que le cuestan a la sociedad billones de dólares en asistencia social y en gastos de aplicación de la ley.
 
Para acercarnos un poco más a los razonamientos de una y otra parte, vale la pena echar un rápido vistazo a lo que piensan quienes practican otras concepciones religiosas, como el budismo. 
 
Un ejemplo más lo constituyen las declaraciones públicas del maestro Hsing Yun, fundador de la escuela taiwanesa Fo Guang Shan quien indicó: “A menudo la gente me pregunta qué pienso de la homosexualidad. Se preguntan, ¿está bien?, ¿está mal? La respuesta es que ni está bien ni está mal; es sólo algo que la gente hace. Si no se perjudican los unos a los otros, sus vidas privadas son asunto suyo; deberíamos ser tolerantes y no rechazarlos”.  
 
Sin embargo no todo es tan simple como parece pues según el Vinaya -que es el marco regulador de la sangha o comunidad monástica del budismo- hay dos categorías de personas a quienes se les niega la ordenación: “ubhatobyañjanaka” y “pandaka’. La primera significa “que tiene las características de ambos sexos” y tiende a asociarse con hermafroditas y transgéneros, aunque en ocasiones también se refiere a homosexuales y bisexuales; la segunda categoría tiene más connotaciones de comportamiento que fisiológicas, pues se refiere a hombres homosexuales en el rol pasivo, afeminados y a menudo travestidos. ¿Entonces?
 
En el hinduismo, donde la homosexualidad es respetada y venerada a la vez, se da la situación de que su cuerpo superior religioso sij – quienes no creen que Dios sea femenino o masculino- denominado el Akal Takht, ha emitido un edicto condenando el matrimonio entre personas del mismo sexo y ha instado a los seguidores que viven en el extranjero, sobre todo en países donde el matrimonio homosexual es legal, a cumplir con estos preceptos.
 
Pese a ello en 2005, los ciudadanos Chunmun Kumar y Simran, quienes con anterioridad habían contraído matrimonio mediante un ritual hindú, lo inscribieron en el registro de su estado, Uttar Pradesh, ubicado en el centro-norte del país. Pero en 2013 nuevamente la homosexualidad fue penalizada en todo el territorio por el parlamento indio, por solicitud de algunos grupos religiosos conservadores.
 
Más recientemente, en algunas naciones de América Latina, algunas personas que profesan el judaísmo, se han expresado a favor de la unión civil, diferenciada del matrimonio; otros avalan diferentes tipos de ceremonias, pero que no consideran matrimonios en sí. Dentro de la ortodoxia más estricta, la homosexualidad es considerada errónea, contraria a la Torá. Pero no se condena ni se expulsa a los homosexuales. 
 
Resulta interesante además, analizar lo que reconocidas figuras cercanas al asunto han planteado al respecto. Entre ellas, está la posición de la crítica social, intelectual y escritora estadounidense Camille Paglia, nacida en 1947. Profesora de humanidades y de estudios sobre medios de comunicación en la Universidad de las Artes en Filadelfia, fue la primera mujer en la Universidad de Yale, en declararse abiertamente lesbiana; tal y como lo recoge la periodista Ana Fuentes en un artículo publicado por ACI Prensa/Actuall, desde su pensamiento feminista y ateo, Paglia mantiene un discurso absolutamente contrario al “oficial” impulsado por los grupos de presión LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) en todo el mundo, a los cuales atribuye –en cierta medida- algunos signos relacionados con la decadencia de Occidente.     
 
(En imagen: Camille Paglia)       
                                          
Entre otras cosas, Paglia ha dicho que “mientras el activismo negro está inspirado en la profunda tradición espiritual de la iglesia, la retórica política gay fue hostil a ella de una forma infantil” porque este último es “estridente, egoísta y adoctrinador, y está completamente carente de perspectiva filosófica”.
 
Pese a su negación de Dios, Camille Paglia, citada por el periodista Giampaolo Rossi, en su blog del rotativo Il Giornale, afirmó: “Tengo un gran respeto por la religión, que considero una fuente de valor psicológico infinitamente más rico que el estructuralismo éticamente insensato que se ha convertido en una religión secular”. Y añade: “Los códigos morales son la civilización. Sin ellos estaríamos abrumados por la barbarie caótica del sexo, de la tiranía de la naturaleza”.
 
Contrario a lo expresado por Paglia, durante la presentación del primer informe oficial de las Naciones Unidas sobre derechos humanos, orientación sexual e identidad de género elaborado por la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (OACDH) en 2011, al referirse a la agenda LGBT, el magistrado Edwin Cameron, del Tribunal Constitucional de Suráfrica, ha subrayado que “la cuestión de la igualdad de derechos en el terreno de la homosexualidad y la diversidad de género, goza hoy día de un protagonismo del que carecía por completo hace tan solo una o dos décadas. De ser un asunto con una presencia marginal en la agenda de derechos, ahora constituye un punto central del debate acerca del ámbito y la naturaleza de la salvaguardia de los derechos humanos”. 
 
En fin, los argumentos de defensores y detractores están a la orden del día. Y la discusión se torna cada vez más áspera cuando se detiene específicamente en la figura del “matrimonio igualitario”, punta de lanza en la lucha frontal del movimiento LGBT por el reconocimiento total de sus derechos. 
 
En realidad, la unión civil y el matrimonio comparten muchas disposiciones importantes; sin embargo, a criterio de quienes defienden a capa y espada el matrimonio igualitario, la principal diferencia es que las uniones no reciben todos los derechos y protecciones que sí tienen los matrimonios, cuyo poder simbólico –según señalan, “es enorme y sirve para validar el amor de la pareja ante los ojos de la sociedad y de la ley.” De todos los razonamientos, ese es tal vez el más emotivo pero al mismo tiempo, el más débil…
 
Como dice la sabiduría popular, ¿partirá Costa Rica el ayote por la mitad, en aras del equilibrio entre las fuerzas y se decidirá por agilizar y generalizar figuras legales que protejan los derechos de las parejas del mismo sexo? ¿O seguirá dividiéndose en dos, desgastándose y sangrando, hasta lograr finalmente la aprobación o rechazo definitivo del llamado matrimonio igualitario? A juzgar por la religiosidad que profesan millones de seres humanos en el país y en el mundo entero, pareciera preferible –en el caso costarricense- insistir en las uniones de hecho o civiles y no seguir machacando con el término “matrimonio” ni pretender la aprobación de la ceremonia tradicional del sacramento para las parejas homosexuales. 
 
Asegurados sus derechos de salud, patrimoniales y económicos, al fin y al cabo, cada quien es libre de creer, sentir y hacer lo que le venga en gana, acuerpados como estamos todos los seres humanos, desde lo Alto, por el reconocido “libre albedrío” que no es más que la facultad de tomar nuestras propias decisiones.  Y es que en vez de obligarnos a obedecerlo, Dios nos pide con cariño: “¡Oh, si realmente prestaras atención a mis mandamientos! Entonces tu paz llegaría a ser justamente como un río” (Isaías 48:18).
 
(*) Expresidenta Colper

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