Jueves 25 de Abril, 2019
Criterium

Buscando a Dios

Carlos Longhi Carvajal*
Viernes 16 de Marzo, 2018
¡Qué difícil y qué fácil es encontrarlo! “No hay cosa más cerca ni más lejos,  más encubierta  ni más descubierta que Dios “. Fray Luis de León. 
 
La Semana Santa de 2018 será recordada por los costarricenses como  como  el fin de una de sus más complejas, conflictivas y confusas etapas históricas, y como el comienzo de una nueva. Un esperanzador y definitivo encuentro con su más auténtica  vocación: ser portadores de valores universales como la tolerancia, el amor por la justicia, la búsqueda incansable de la convivencia pacífica entre hermanos, la unidad en la diversidad, el respeto por la opinión ajena. En fin, por ser un ejemplo viviente de sensatez y buen juicio.
 
Desde luego, todo depende de que los costarricenses, todos los costarricenses, sigamos teniendo como norte de nuestra vida social e individual y como guía de nuestras instituciones, la búsqueda sincera y perseverante de la verdad. ¿Y qué es la verdad?  “La verdad es la realidad de las cosas”. -Balmes.
 
A no claudicar en esta ardua y al mismo tiempo gratificante empresa, razón de ser de nuestra vocación histórica, nos ayudará el conocer y meditar  lo que nos dicen  los más hondos pensadores de diversas culturas y  civilizaciones en distintas etapas históricas, acerca de la existencia de una primigenia, omnipotente y providencial entidad creadora de todas las cosas visibles e invisibles.
 
El punto decisivo para creyentes y no creyentes, de más allá o más acá del universo, es estar seguros de si Dios es o no una realidad operante en el principio y fin de todas cosas. Es decir, si hay realmente un Criador y si nosotros somos sus criaturas. Todo lo demás en nuestra dimensión personal y social, dependerá de la comprensión y libre aceptación de esta noción. 
 
Así nos habla de ella Marco Tulio Cicerón ( 106-43 a.  d. C. ): orador, escritor y político romano. Cuestor de Cicilia. Introdujo la filosofía estoica en Roma y tuvo gran influencia en la prosa y en la retórica latina. Murió asesinado por sus enemigos políticos después de haber lanzado contra Marco Antonio sus famosas Filípicas.
“No hay pueblo tan salvaje ni tan bárbaro que, aún ignorando lo que deba pensar acerca de Dios, no sepa que debe creer en su existencia; y la idea de Dios es para el hombre como un recuerdo y un reconocimiento de su origen.
 
“La belleza de la creación, el orden majestuoso de los cuerpos celestes nos obligan a confesar que existe un Ser eterno y poderoso, y a reconocerle y adorarle”. Y agrega: “Dios, tal  como nosotros lo imaginamos, no puede concebirse más que como un espíritu puro, independiente y libre de todo elemento material, un espíritu que percibe todas las cosas, que imprime movimiento a todo, teniendo en sí mismo el principio del movimiento eterno.”
 
Cicerón también nos deja, dirigiéndose al Ser Supremo reconociendo sus extravíos de ser humano, esta confesión lapidaria: “causa causarum, miserere mei” – “causa de las causas, ten piedad de mí”. Después de él, que fue moldeado por una sociedad pagana, en un imperio violento y opresor, nadie ha podido en nuestra civilización cristiana acuñar una súplica tan llena de  humildad dirigida al Criador.
 
El pueblo judío recibió, no por virtud propia si no  por la gracia de la revelación,   gratuitamente como enseñanza, siglos antes que los restantes pueblos del Oriente Medio, la noción de la existencia de un Ser Supremo: Jahveh.
 
En el mundo islámico, la revelación llega casi siete siglos después de la aparición del Cristianismo, con Mahoma, tenido como el último profeta bíblico según la religión musulmana por él fundada. En ella el Ser Supremo recibe el nombre de Alá, del árabe Alläh, Dios.
 
Para los masones (maçon en francés significa albañil) el Ser Supremo es el Gran Arquitecto del Universo. Lo supe siendo un niño por mi abuelo paterno, nacido en Costa Rica hijo único de sufridos emigrantes italianos, masón de grado 33 y uno de los seres humanos más nobles y buenos que haya conocido en mi ya larga existencia. Importa hoy más que nunca recordar, que quien introdujo la masonería en Costa Rica fue el sacerdote católico Francisco Calvo, Capellán General  del valeroso ejército costarricense que nos libró del invasor filibustero enviado para someternos al yugo del Imperio por los más cínicos gobernantes de los Estados Unidos, quienes ya antes habían traicionado los ideales de sus propios padres fundadores. 
 
Para la Teosofía, su razón de ser es la convicción de quienes la profesan de estar iluminados por la Divinidad y unidos íntimamente con ella.
 
Existen además otras religiones, doctrinas y creencias, tanto en oriente como en occidente, que igualmente se precian de su inmediata, estrecha y determinante conexión con el Ser Supremo.
 
Todo eso lo conocía perfectamente Jesús de Nazaret. Cuando Juan se le acerca y le dice lleno de preocupación y probablemente de celos: “Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera los demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros. Jesús le dijo: no se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.” Lucas 9:49-50. El mismo pasaje, con distintas palabras, aparece en Marcos 9:38-41. Y ¿quién no recuerda la parábola del Buen Samaritano?
 
Hay entonces en la búsqueda de Dios caminos para todas las preferencias, y todos ellos desembocan en la misma eterna e inagotable fuente de amor y de perdón. 
 
¿Qué justificación puede tener entonces –no importa si fue ayer o es hoy- el fanatismo que divide y enfrenta a los cristianos?
 
Otros grandes pensadores occidentales, después de la  aparición del cristianismo, han venido arrojando más luz sobre la existencia del Creador.
 
“Suprimid a Dios y se habrá hecho la noche en el alma humana.” Lamartine.
 
“Dios sólo se deja ver por la incomprensible grandeza de sus obras”. Pedro Antonio Alarcón.
 
“Dios es paciente porque es eterno”. San Agustín.
 
“Se muere por la familia y por la patria; únicamente un Dios muere por la humanidad.” G. M. Valtour. 
 
“Tanto la naturaleza como nosotros, los hombres, estamos de tal manera penetrados por la divinidad, que ella nos sostiene, por ella vivimos, respiramos y somos; sufrimos y nos regocijamos, según las leyes eternas, en cuya presencia ejecutamos un papel a la vez activo y pasivo; poco importa que las reconozcamos o no”. Goethe.
 
¿Y en el Lejano Oriente? Allí Confucio (551-479 a. d. C.) nos sorprende, como Cicerón en la Roma pagana e imperial, con palabras que parecieran salir de los labios del mismo Jesús:
“Amemos a los demás como a nosotros mismos: midamos a los demás como nos medimos a nosotros; estimemos sus penas  y sus goces como estimamos los nuestros. Y cuando queramos para ellos lo mismo que queremos para nosotros; y cuando temamos para ellos lo mismo que para nosotros tememos, entonces seguiremos las leyes de la verdadera caridad.” 
 
Es bueno dejar claro que, si nos atrevemos a acometer  la búsqueda de Dios, vendrán en nuestro auxilio Blas Pascal, filósofo, físico y matemático francés (1632-1662), y  Amado Nervo , poeta y escritor mexicano (1870-1919),  quien recoge y trae a la poesía  el pensamiento del gran sabio y científico galo, el cual afirma que todo aquel  que busca a Dios con espíritu sincero, con  perseverancia y con humildad, ya lo ha encontrado y lo tiene  como suyo. Amado Nervo le dedica un bello poema a tan hondo pensamiento, que culmina con es estos versos:
 
“Alma, sigue hasta el final
en pos del bien de los bienes
y consuélate en tu mal
pensando como Pascal:
¿le buscas? ¡es que lo tienes!
 
(*) Expresidente del Colper

Agregar Nuevo Comentario:

Nombre
Email
Comentario