Martes 22 de Enero, 2019
Criterium

Educar para el cambio

Félix J. Cristiá Martínez

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Jueves 22 de Noviembre, 2018

Como proceso social, la educación es un instrumento de formación, información, entrenamiento y comunicación que permite y facilita que los seres humanos se desenvuelvan adecuadamente en las nuevas relaciones interpersonales e interinstitucionales, con la consecuencia de una participación que se supone sea eficaz en la sociedad, el mercado, los procesos políticos democráticos y el conocimiento del cambio y la innovación. 

Pero para que ello ocurra con los resultados deseables, la educación debe ser integral y, así también propender al desarrollo integral de la gente, conjugado con la interrelación y desarrollo colectivo con las otras personas que comparten foros, comunidades e instancias.

La educación requiere de instituciones que tengan claras las estrategias y claras las miras hacia el futuro. Depende en gran medida de los educadores, pero sin dejar de lado a las personas beneficiadas de los procesos educativos, que deben tener derecho a opinar y a decidir, como involucrados que son, según dicta la norma internacional de responsabilidad social.

La educación implica también preocupación por los demás, que es también protección de nuestros propios intereses individuales y colectivos, porque en la sociedad actual no hay desarrollo y progreso si no es en conjunto con los demás seres humanos que comparten nuestro propio entorno y visión de vida en procura del buen vivir. Requerimos de los otros para vivir y sobrevivir, base de una nueva solidaridad que comparte conocimientos.

Aunque parezca una perogrullada, la educación es un proceso social porque es un proceso humano, que sólo entre humanos se entiende y se comparte procurando resultados que redunden en un mejor futuro para todos.

Quien no comprenda este planteamiento no se dará cuenta que las opciones pasan necesariamente por propiciar, promover y brindar canales apropiados de educación que signifiquen igualdad de oportunidades y satisfacción de las necesidades individuales y colectivas.

Para ello se requiere adoptar el cambio y educar para el cambio, superando paradigmas, derribando limitaciones y construyendo pensamiento crítico ante los desafíos crecientes de la vida en sociedad.

En la educación moderna ya no se puede hablar de sujetos activos y sujetos pasivos: todas las personas participan de una manera u otra en el aprendizaje; todos enseñamos y todos aprendemos; y todos tenemos la capacidad de colaborar al crecimiento intelectual, teórico y práctico de los demás, y viceversa.

Es la nueva dialéctica que no excluye la consideración y confrontación de ideas y criterios.

Corresponde impulsar el libre flujo de ideas, formar núcleos creativos, generar pensamiento, rescatar o construir valores que ganen espacios de permanencia, propiciar una actitud favorable a la investigación, al descubrimiento y a la innovación, rechazar los límites mentales, verificar hechos, adaptarlos o imponer correctivos, que al fin de cuentas redundará en el nuevo valor para nuestras personas, empresas y comunidades.

Vivimos y convivimos en un mundo de acelerado cambios que a muchos toma por sorpresa y no saben cómo reaccionar a tiempo. De ahí la urgencia en la adquisición de nuevos conocimientos y de la instalación de capacidad tanto en las organizaciones y empresas como en las personas que las conforman.

Más urgente en el campo de la educación, por cuanto configura las estrategias, políticas, procedimientos y metodologías para el aprendizaje. La construcción de una nueva visión de mundo afín con la realidad actual requiere una agilidad especial para adaptarse con éxito y sentido a las nuevas condiciones.

La nueva educación debe estar bien dirigida, rescatando lo mejor de nuestras sociedades y contando con todos los elementos humanos sin excepción para el desarrollo de una conciencia colectiva y el logro de un balance adecuado entre lo económico, lo social, lo cultural y lo político. Ello nos debe llevar a una reflexión que una la teoría con la práctica, y tenga aplicación en el análisis de los fenómenos sociales que confrontamos día a día. Nos corresponde hacer valer y aplicar un instrumental propio, tanto genérico como específico, para orientar a la gran cantera de talento humano que se forma en nuestras universidades, clave para el desarrollo sostenible, el progreso social y la proyección de los legítimos intereses sociales al resto de la sociedad.

El logro de una mayor productividad y competitividad, dentro de parámetros de democracia económica y distribución de la riqueza, requiere asumir herramientas que permitan transformaciones profundas y la conciencia de que vivimos el momento de cambio ahora y no más tarde.

La educación es esencial para congeniar y conjugar los cambios con las necesidades de las poblaciones y el fortalecimiento de sus estructuras para responder a las nuevas condiciones, incluyendo la capacidad contestataria para atrevernos a proponer modificaciones en la conducta política y social,   que lleve a superar la marginación de grandes sectores y segmentos que, de no hacerlo, podrían convertirse en nuevas mayorías enajenadas.

De ahí el compromiso que debemos asumir hacia una nueva escuela que dé respuestas y soluciones; que haga vibrar la fibra moral y no desfallezca en provocar a los más rezagados para que avancen con firmeza promoviendo y proyectando con orgullo su raigambre local.

Nuestro sector no puede marginarse de los procesos en que le toca vivir. En la educación debe propiciar alianzas estratégicas genuinas y reales con ministerios, escuelas, universidades, centros técnicos y de investigación, colegios profesionales y con las instituciones que propendan a la construcción social. Es una condición incorporar el elemento humano y a quienes comparten sueños y realidades en un gran movimiento de superación y solidaridad.

Obviamente, no todo es sencillo. Los grandes intereses económicos e ideológicos, con grandes recursos financieros a su disposición, procuran distorsionar la visión del esfuerzo mutuo y colectivo para adelantar sus propios intereses privados lucrativos, aprovechando su dominio sobre los medios de comunicación que difunde sus posiciones de clase dominante como si fueran las de toda la sociedad.

Ahí cobra mayor fuerza la educación en general, para conocer la historia, la economía, la política y cómo operan las fuerzas sociales y los factores estratégicos. Con la educación general como fundamento podremos desarrollar la nueva educación que requieren las grandes mayorías para la construcción de alternativas de economía social sobre bases no lucrativas que conjuguen la dimensión social con su dimensión social, para poder competir en el mercado.

Trabajemos por una educación de calidad, por la formación de nuestras nuevas y futuras generaciones, por la proyección y apoyo a los sectores hasta ahora más desprotegidos. Demos una nueva dimensión a nuestra labor haciendo lo que hay que hacer, asumiendo compromisos y propiciando su conversión en la alternativa económica y social para las grandes mayorías. 

De eso se trata. No debemos ni podemos cejar en ese empeño, que es un empeño de construcción de un futuro promisorio, libre, justo, equitativo e igualitario.

 

 

 

Félix J. Cristiá Martínez

Presidente Confederación de Cooperativas del Caribe y CA

 

 


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