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El efecto “búmeran”

Adriana Nuñez Artiles * | Jueves 4 de Julio, 2019

En 2006, publicado por la Universidad de Salamanca, España, vio la luz un estudio realizado por especialistas de tan prestigiosa casa de educación superior, en el cual se determinó -tras innumerables entrevistas directas a los legisladores de las diversas fracciones representadas en la Asamblea Legislativa de Costa Rica, exhaustivos cuestionarios y análisis- que tanto el accionar como el discurso del Partido Acción Ciudadana estaban encaminados a cuestionar la institucionalidad democrática del país.

Todo era malo para ellos. Recuerdo presenciar desde la barra de prensa, los golpetazos contra la mesa de la Presidencia Legislativa, cuando quien ejercía el alto cargo, emitía -amparado por el reglamento correspondiente- algún acuerdo que no les agradara. Y si los que estábamos en otras fracciones tratábamos de ejecutar nuestro trabajo, recibíamos insultos y hasta empellones. Ni qué decir de las instrucciones que ciertas diputadas giraban a individuos ajenos a nuestra idiosincrasia, quienes por cinco mil colones nos abordaban a empellones y gritos.

La prepotencia de los recién estrenados políticos -provenientes de otros nichos, incluida una izquierda trasnochada, resentida y recalcitrante- se cobijó en muchas ocasiones, con palabras vulgares, risotadas, destemplados aplausos… y por supuesto, acusaciones con o sin fundamento.

Desde entonces, su consigna fue la permisividad, la ausencia de límites, el irrespeto, la provocación, la escogencia de gente inescrupulosa y oportunista para ejecutar ciertas labores ofensivas y por supuesto, para lanzar lodo sobre todo y sobre todos, incluida la ética, la religión y la moralidad. ¡Tanto va el cántaro a la fuente que finalmente se rompe!

Trece años después, desde la serena calma de mi terraza, compruebo cuánta razón teníamos algunos compañeros de labores y yo, cuando en conversaciones con algunos líderes políticos, sociales y jerarcas institucionales, les preveníamos de lo que sucedería en futuras administraciones y en el país en general, si no se desenmascaraba ese proceso sistemático de destruir valores, creencias, cultura y sueños.

Muy pocos levantaron la voz; la tristeza nos invadía cuando comprobábamos que muchos preferían callar por cobardía o por desidia, o simplemente por conservar privilegios y gollerías a cambio de una total sumisión.

Hoy, nuestra democracia está secuestrada por minorías cuyos derechos -como los de todos en general- están claramente establecidos por ley. Pero es que la puja ya no reside en las propuestas ni en las ideas sino en las pedradas y en los espectáculos mediáticos en los que los mamarrachos son el centro de atención. Y cuanta mayor sea la violencia, mayor el caos y la frustración que nos rondan.

Y todo se devuelve… excepto el agua del río. El efecto búmeran ya está rozando la cabeza de algunos ministros y hasta la del propio presidente. ¿Qué les asusta, si fue precisamente el partido que los llevó al sitio donde se encuentran, el que con inusitado ahínco sembró la desazón que ahora cosechan? Desde el medioevo, en medio del campo de batalla, algunos aprovechan para saquear…

Nadie niega la corrupción ejercida por algunos miembros de otras agrupaciones políticas que detentaron el poder. No podemos ocultar las malas acciones de quienes, cegados por la ambición y la avaricia, realizaron actos deleznables. Pero el despelote continúa… ¡Cría cuervos y te sacarán los ojos! Porque ellos no creen en nada ni en nadie…

Nuestro deber es retomar los fundamentos históricos que nos condujeron a la ruta del progreso, justicia, paz social y creatividad que distinguió a nuestra sociedad durante muchas décadas. Fundamentos que se materializaron a través de la institucionalidad democrática de nuestra nación y del respeto y cumplimiento de las leyes vigentes. ¡Vivan siempre el trabajo y la paz!

(*) Periodista, carné 417

 

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