Domingo 22 de Julio, 2018
Criterium

Legitimidad del Colegio de Periodistas de C.R.

Jimen Chan Soto *
Martes 19 de Junio, 2018

El reconocimiento del derecho a la información y al escrutinio de la gestión pública facilitó la configuración de una “opinión pública”. Su característica fue ser un ente activo, opinante en los asuntos públicos y fiscalizador ante eventuales abusos del poder institucional. En síntesis, el nacimiento de lo que hoy se caracteriza como “sociedad civil”.

 

En nuestra democracia liberal, la turbulencia de la esfera pública, así como la diversificación ideológica aceleran la formación de los medios de comunicación. De este modo, la prensa se transforma en el nexo entre el establishment político y la sociedad civil. Sea por omisión o por decisión, la prensa progresivamente reclamaría la potestad de vigilar la administración pública y el desarrollo democrático. 

En suma, el periodista hizo del derecho a la información y del ejercicio de la libertad de informar, su profesión. El ejercicio periodístico adquiere la misión de cautelar la transparencia, la probidad y el acceso a la información. “Si hay acceso a la información, hay transparencia y se evita la corrupción”. 

 

A su vez, las organizaciones, mundialmente, conciben a la prensa como un organismo de control capaz, para obligar a quienes detentan el poder a rendir cuentas y asegurar una sociedad transparente y responsable.

 

Esta misión se convertiría en el leit motiv del oficio. Los colegios de periodistas establecen que el rol de sus asociados es responder a las necesidades de información de la sociedad civil. Se identifica como condición sine qua non, un desempeño profesional apegado a la ética, independiente de intereses particulares, tendiente a la “defensa de los ciudadanos” y capaces de plasmar las opiniones de todos, “especialmente de los más postergados”.

 

Aun cuando desde la filosofía y neurobiología se establezca la imposibilidad de “ser la verdad” en la “praxis material”, los periodistas la identifican como su primera y fundamental responsabilidad social, entendiendo que en ella -puntualmente en ellos- reside buena parte del orden democrático moderno. Esta es la diferencia fundamental e histórica del periodismo con las otras profesiones de la comunicación.

 

Búsqueda de una mayor libertad y transparencia

 

La democracia contemporánea se fundamenta en el supuesto de responsabilidad de los poderes públicos ante la opinión pública, aspecto que requería que “lo público” fuera sometido a vigilancia para cautelar la transparencia. Empero, en el curso democrático, la relación entre el Estado y la prensa desembocó en una confrontación. Varios teóricos de la prensa la sindicarían como un “cuarto poder”. Otros precisarían que es un “antipoder” al actuar como guardián de la probidad y transparencia democrática.

 

En tal sentido es de pleno consenso que sin una vigilancia de los medios de prensa y la sociedad civil, la corrupción aumentaría.

Sin embargo, “la reivindicación del derecho a una vigilancia social, que no sea patrimonio cerrado de las instituciones del Estado, plantea, por otra parte, contradicciones o riesgos de confusiones peligrosas para la salvaguardia de unos valores genuinamente democráticos”. 

 

Sobrevinieron entonces legislaciones restrictivas en torno al acceso a la información pública y la vida privada de las personalidades públicas. Entre los periodistas cundió el temor del ocultamiento de potenciales irregularidades en la administración. Como respuesta, la prensa adoptó un carácter más agresivo, enarbolando la bandera de la libertad y la defensa ciudadana. Fue entonces cuando la profesión periodística se tornó más vulnerable.

 

El gobernante se siente incómodo ante esta nueva actitud de la prensa, y en respuesta promueve acciones inhibitorias, usando los instrumentos legales e institucionales de que dispone. 

 

Adormecimiento de la asociación al Colper

 

Los índices de asociatividad de los periodistas son bajos en comparación con otros gremios profesionales y con la tasa de sindicalización, que en todo caso no supera el 20%. En general, la abulia tiende a atenuar al movimiento sindical y a diluir sus esfuerzos reivindicativos.

Este relativo “adormecimiento” del Colegio de Periodistas -y en general de todo el movimiento sindical- es la consecuencia de una complicada maraña de determinaciones y procesos.

 

La explicación a nivel de asociatividad se puede basar en distintos niveles. Una primera explicación es presentada por la escuela de elección racional que plantea que la asociación a un colectivo está vinculada a la percepción de obtener beneficios acordes al tiempo empleado. Aquí se plantea un problema circular, en cuanto que para obtener beneficios para sus asociados una organización requiere fortaleza, unidad y recursos, los que sólo provendrán de la afiliación.

 

Una segunda explicación se basa en la teoría del capital social, donde la asociación se basa en la confianza entre los periodistas y entre cada periodista y el Colegio.

 

Pero la problemática es mucho más compleja y multicausal, de lo que podría suponerse. Otro elemento concomitante al respecto es la desvalorización de la profesión, a partir de la subvaloración de la importancia y potencial aporte del capital humano y profesional, debido a que los profesionales no se especializaron debidamente -aspecto que progresivamente intentan revertir algunas escuelas de periodismo, con diversos resultados- o se convirtieron en difusores de los gabinetes de prensa.

 

También se debe considerar que la liberalización político-económica y educacional, produjo dos efectos. Por una parte, abrió nuevas áreas laborales, pero por otra aumentó la cantidad de egresados de manera inorgánica, alterando la tradicional relación periodistas-medios de comunicación. 

 

La mayoría de los periodistas no trabajan en prensa (no existen datos estadísticos oficiales pero es fácilmente comprobable), y se desempeña en docencia, empresa privada, generadoras de contenido independiente, sociedad civil y organizaciones públicas. Aquí reside otra explicación a la baja asociatividad, por cuanto si nos remitimos a los estatutos y prácticas de nuestra Corporación, ésta se centraba en los problemas de los periodistas de medios de prensa, en los cuales debido a la eliminación del Artículo 22 de la Ley 4420, pueden laborar personas sin título de periodista.

 

El discurso del Colegio de Periodistas por otro lado, no ha evolucionado de una manera tal que acogiera las inquietudes de los profesionales que se desempeñan en esas otras áreas mencionadas y, últimamente, con la incorporación de profesionales de otros sectores, se ha orientado más en esas direcciones.

 

Según lo visto hasta ahora, su discurso no va más allá del restablecimiento de la tuición ética, la ley de prensa y el secreto de la fuente.

 

¿Cuánto pueden influir los periodistas?

 

La baja asociatividad en torno al Colegio de Periodistas, plantea dudas respecto a la real vigilancia democrática e injerencia en la vida pública de un gremio debilitado y con bajos índices de asociatividad. En efecto, la nula injerencia del Colegio –tanto en los temas que atañen directamente a sus asociados, como a aquéllos de interés nacional- se debe a que éste opera como un sindicato. 

 

Entonces, el problema trasciende a una recuperación de ancestrales derechos enajenados o ampliación de garantías legales para ejercer el derecho a la investigación y la vigilancia democrática. Derechos que, por lo demás, una profesión tan desunida no está en condiciones de ejercer, ni un colegio tan debilitado puede presionar para que se cumplan.

 

El estado actual de la profesión supone un serio desincentivo a la investigación con fines vigilantes. La saturación del mercado produce que los profesionales velen por la retención de su plaza laboral, antes que por el correcto funcionamiento de la institucionalidad democrática, independientemente de si se trata de un colegiado o un no colegiado periodista. 

 

En este último sentido, afiliarse al Colegio no representa para el profesional mayor beneficio, salvo un respaldo moral. Y cuando sea importante saber que no está sólo en las luchas democratizantes al momento de enfrentar a la justicia, por haber rozado aunque sea levemente algún interés corporativo, no es mucho lo que podrá ayudarlo ese soporte verbal.

 

Desde luego que estas modificaciones no serán introducidas por la clase política, ni menos aún propiciadas por la clase empresarial, por cuanto hacerlo lesiona intereses y los ubicaría en una posición bastante incómoda ante la sociedad civil.

 

Es aquí donde se requiere el actuar de un Colegio de Periodistas fuerte, preocupado por las falencias del proceso democrático, más que por las actividades sindicales.

 

Ningún colegio profesional débil y cupular puede ejercer presión alguna sobre el poder político para lograr avances sustanciales en el ejercicio de la vigilancia democrática.

 

Más allá del Colegio de Periodistas, el periodista “en su soledad”, no tiene más sustento para investigar que sus buenas intenciones, y por respaldo, su fe. vocación y el teléfono de un buen abogado.

 

Aunque la fortaleza de una profesión depende más que de su agrupación gremial, ella está llamada a jugar un papel integrador entre sus asociados, el poder político y la sociedad. Por cierto, en gran medida recae en los propios profesionales que debieran cautelar la elevación del nivel profesional del periodismo y buscar formas en que la estabilidad laboral no se pague con aislamiento. 

 

También atañe a las universidades formar profesionales con mayor sentido de integración.

 

En este sentido, acudiendo a su formación humanista, los periodistas deben propiciar -desde su plaza laboral- la rearticulación social entre el mundo y quienes controlan la información. Ello exige en el nivel político gremial, desarrollar elementos culturales propios de los trabajadores, como por ejemplo, solidaridad contra individualismo. (Ver ¿Afecta el individualismo nuestro comportamiento como ciudadanos?), https://www.facebook.com/groups/478889438820472/search/?query=Afecta%20el%20individualismo%20nuestro%20comportamiento

 

En efecto, la pregunta está no en si los periodistas necesitan un colegio profesional -que por cierto lo necesitan- sino en si este colegio está dispuesto a trabajar para edificar sus exactitudes y acciones en función de la realidad social y laboral contemporánea, y si realmente está interesado en captar al conjunto de comunicadores sociales dentro del mismo marco organizacional.

 

Cómo podrá concluirse entonces, se ha venido especulando que la eliminación de la exclusividad en el ejercicio del periodismo es el origen de todos los males, aunque nos podremos haber percatado por lo expuesto, de que ese no es el caso.

 

Una de las fórmulas que se han expuesto para rescatar el profesionalismo y la calidad, compromiso con la sociedad civil, y la democracia, al fortalecer así nuevamente al Colegio de Periodistas, es aquella que permita integrar a la Corporación sólo a graduados en Periodismo, y continuar promoviendo la incorporación de los otros profesionales de la comunicación a sus respectivos colegios, agrupándonos luego en un Colegio Federado de Profesionales en Comunicación. 

 

Como no se puede prohibir a los ciudadanos ejercer su libertad de expresión, por tanto estos seguirán teniendo abierta la posibilidad de BUSCAR, RECIBIR Y DIFUNDIR INFORMACIÓN Y OPINIONES en cualquier medio.

 

El Colegio de Periodistas podrá fiscalizar a posteriori el ejercicio de estas actividades informativas, tanto entre los periodistas colegiados como entre los ciudadanos comunes, como una forma de continuar protegiendo el derecho de toda la ciudadanía de recibir información veraz, por supuesto, se trata de juicios morales, éticos.

 

De esta forma se rescatará el papel del periodismo como espejo de la realidad y como controlador social, como parte (sustento) fundamental de la democracia, no como un simple vidrio que supuestamente nos permite ver lo que está pasando.

 


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