Jueves 16 de Agosto, 2018
Criterium

Legitimidad del Colegio de Periodistas de C.R.: Una coincidencia de acciones que desembocó en una derogación

Jimen Chan Soto *
Martes 5 de Junio, 2018

E 9 de mayo de 1995, la Sala Constitucional mediante la resolución No. 2313-95 anula el Artículo 22 de la Ley Orgánica del Colegio de Periodistas de Costa Rica No. 4420.

Este Artículo era el primero del Capítulo VI: De las funciones del periodista, de la citada ley, y literalmente rezaba:

“Las funciones propias del periodista sólo podrán ser realizadas por miembros inscritos en el Colegio”.

Toda persona tiene el derecho A BUSCAR, RECIBIR Y DIFUNDIR INFORMACIÓN Y OPINIONES libremente en los términos que estipula el artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. 

Todos los seres humanos deben contar con igualdad de oportunidades para recibir, buscar e impartir información por cualquier medio de comunicación sin discriminación, por ningún motivo, inclusive los de raza, color, religión, sexo, idioma, opiniones políticas o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición social.

La Convención Americana garantiza el derecho a la libertad de expresión a “toda persona, independientemente de cualquier otra consideración, por lo que no cabe considerarla ni restringirla a una determinada profesión o grupo de personas”.

Por tanto: “La libertad de expresión es un componente esencial de la libertad de prensa, sin que por ello sean sinónimos o el ejercicio de la primera este? condicionado a la segunda”.

 “No sería lícito invocar el derecho de la sociedad a estar informada verazmente para fundamentar un régimen de censura previa supuestamente destinado a eliminar las informaciones que serían falsas a criterio del censor. Como tampoco sería admisible que, sobre la base del derecho a difundir informaciones e ideas, se constituyeran monopolios públicos o privados sobre los medios de comunicación para intentar moldear la opinión pública según un solo punto de vista”.

Cómo se puede apreciar, fue la coincidencia de las actividades que realizan los periodistas con los derechos que establece la libertad de expresión: BUSCAR, RECIBIR Y DIFUNDIR INFORMACIÓN Y OPINIONES la que determinó la inconstitucionalidad del mencionado Artículo 22 de la Ley 4420, esto es, no se puede limitar solo a los periodistas el ejercicio de estas acciones que tutela esta libertad. Los periodistas no conculcamos esta libertad, la defendemos, muchos han muerto en el ejercicio de este derecho sirviendo a la sociedad civil.

Pero no todos los ciudadanos son periodistas

Pero el hecho de que se obligue a colegiarse para ejercer el periodismo en medios que se dedican especializadamente a ello, y obtienen de esta tesitura su legitimación (ser elaborados por periodistas profesionales), no restringe la libertad de expresión en el tanto que a las personas no colegiadas no se les prohíba su participación, en el sentido de que pueden BUSCAR, RECIBIR Y DIFUNDIR INFORMACIÓN Y OPINIONES libremente, y publicarlas, que se las publiquen o no nada tiene que ver con el ejercicio del periodismo por periodistas sino a las limitaciones lógicas de espacio que existen y las políticas de los mismos medios.

Lo anterior no implica que todos los ciudadanos puedan ejercer como periodistas, esto es,  que tengan la facultad de BUSCAR, RECIBIR Y DIFUNDIR INFORMACIÓN Y OPINIONES como tales, podrán ejercer estas acciones en un medio de comunicación si los contratan, pero la libertad de expresión nos los convierte por ello en periodistas, tendrían que obtener un título en una universidad primero, caso contrario serían ciudadanos, con algún título profesional o no, ejerciendo su libertad de expresión, en este caso, bien se le podría denominar a esta práctica, periodismo ciudadano, como se ha venido haciendo con la participación de personas que envían fotos o vídeos captados con sus teléfonos inteligentes como testigos presenciales de un suceso o evento (se analiza este fenómeno más adelante).

Es necesario subrayar que nunca antes en la historia de la humanidad, los habitantes del mundo han tenido tanta libertad de ejercer su libertad de expresión como en la actualidad (por las redes sociales), lo que por otra parte constata que quienes la limitan en alguna forma han sido las empresas de comunicación, que ejercen el papel de “gatekeepers”, al definir qué se publica y qué no en los medios tradicionales, y aquí es donde se vuelven a entrecruzar la libertad de expresión con el derecho a la información veraz y la libertad de prensa.

Periodista: especialista en buscar, recibir, y difundir información

“El periodista ha de ser un especialista, pues a nadie le gustaría entrar en un hospital y ser atendido por un contable, o ser defendido en un tribunal por un veterinario”. De aquí, insistimos, que aunque los ciudadanos puedan BUSCAR, RECIBIR Y DIFUNDIR INFORMACIÓN Y OPINIONES, eso no los convierte, automáticamente, en periodistas.

Para “aprender a informar” se requiere un equilibrio entre conocimiento y técnica, una buena escritura y un entorno ético que obligue a las redacciones, los propietarios y los directores de los medios, de allí la necesidad de la existencia de un Colegio de Periodistas.

Es oportuno señalar por otra parte que, la industria cultural de los medios de comunicación “es el sector productivo que menos dinero invierte en la formación permanente de sus trabajadores”, fenómeno que también se produce en Costa Rica.

El respeto y protección de la libertad de expresión adquiere una función primordial, ya que sin ella es imposible que se desarrollen todos los elementos para el fortalecimiento democrático y el respeto a los derechos humanos. Éste se erige como instrumento que permite el intercambio libre de ideas y funciona como ente fortalecedor de los procesos democráticos, a la vez que otorga a la ciudadanía una herramienta básica de participación. 

Asimismo, a través de los periodistas ¿comunicadores sociales?, la ciudadanía adquiere el poder de participar y/o controlar el desempeño de las acciones de los funcionarios públicos.

Como ha señalado la Corte Interamericana de Derechos Humanos: La libertad de expresión es una piedra angular en la existencia misma de una sociedad democrática. Es indispensable para la formación de la opinión pública y para que la comunidad, a la hora de ejercer sus opciones, esté suficientemente informada. Es por eso que, es posible afirmar que una sociedad que no está bien informada, no es plenamente libre. La libertad de expresión es por lo tanto no sólo un derecho de los individuos sino de la sociedad misma.

El derecho a la libertad de expresión es un derecho de todos los seres humanos. No es un derecho exclusivo de determinados grupos, como propietarios de medios,  periodistas o artistas, si bien estos grupos, debido al relevante papel que ejercen en la sociedad a través de este derecho, son objeto de una atención especial cuando se les priva del mismo.

Noticias falsas

Trasladémonos a la actualidad para analizar los efectos del periodismo ciudadano. Hay que reconocer que la mayoría de las publicaciones digitales no pueden ser consideradas como “verdadero periodismo” y muchas veces éstas ofrecen réplicas de contenidos informativos previamente publicados por los medios tradicionales.

Cuestiones como el uso de redes sociales en labores informativas y el diseño de aplicaciones para teléfonos inteligentes, ganan cada día más terreno en las nuevas formas con las que el periodismo digital recompuso la vieja clasificación de medios en impresos y audiovisuales.

La red funciona hoy como un nuevo ecosistema en el que conviven e interactúan formatos y plataformas en las que se mueve el periodismo.

Pero las redes sociales no surgieron como un medio de comunicación, no lo son. Tampoco nacieron como una herramienta para periodistas. Sin embargo, el periodismo está integrándolas a pasos agigantados como una fuente inagotable de información y como un vehículo privilegiado para hacer viajar las buenas historias hasta los lectores, estén donde estén.

La democracia está siendo afectada con el surgimiento de las noticias falsas (“fake news”), incluso manipuladas por intereses internacionales (Rusia versus EE.UU, por ejemplo), en Europa la corriente conservadora, para controlar las elecciones en los países, incluyendo su utilización política para desacreditar a los medios de prensa señalándolos como mentirosos, como en el caso actual del presidente Donald Trump. (Para más información ver artículo: Noticias falsas. ¿Qué son y cómo podemos controlarlas?

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Periodismo Digital

Se han puesto de manifiesto las resistencias que en algunos sectores de los medios generan las formas emergentes del periodismo en formato digital, frente a “la hegemonía de lo audiovisual” y la “pureza y calidad” del periodismo impreso.

“Estas personas suelen ver en el periodismo de los cibermedios un paso atrás en los valores clásicos de la profesión informativa y, por tanto, tienden a menudo a despreciarlos”.

Cuestiones como el uso de redes sociales en labores informativas y el diseño de aplicaciones para teléfonos inteligentes, ganan cada día más terreno en las nuevas formas con las que el periodismo digital recompuso la vieja clasificación de medios en impresos y audiovisuales.

La red funciona hoy como un nuevo ecosistema en el que conviven e interactúan formatos y plataformas en las que se mueve el periodismo.

Las bases del oficio siguen siendo las mismas. No han cambiado los dibujos básicos de los géneros periodísticos, así la tecnología plantee formas híbridas de narración.

La noticia, en esencia, se construye de la misma forma como se hacía a comienzos del siglo XX, cuando las primeras agencias de noticias inventaron la pirámide invertida. La sociedad es la que ha cambiado y aquí vale la pena compartir algunas visiones:

Que el periodismo hoy se puede hacer sin periodistas, cuando éstos pasan a ser parte de una cadena productora de información y su papel se reduce al de simples “retocadores de despachos de agencia”.

Que “hoy, informar es esencialmente hacer asistir a un acontecimiento, es decir, mostrarlo, pasar al estadio en que el objetivo consiste en decir que la mejor forma de informarse es hacerlo directamente”, se ha transformado el triángulo acontecimiento-mediador-ciudadano, en el que el acontecimiento era relatado por el mediador (el periodista), quien lo filtraba, analizaba y lo hacía repercutir en el ciudadano.

Hoy el triángulo se ha convertido en un solo eje en el que el acontecimiento va directamente al ciudadano gracias a que la cámara, el micrófono o el teléfono celular, por sí mismos, ponen en contacto directo el hecho con el público. “A mitad de camino ya no hay un espejo (un periodista) sino simplemente un cristal”.

Pero el concepto de cadena productora de información establece una diferencia entre el periodista y el denominado “trabajador de los medios” (periodismo ciudadano), que ya no pone a prueba su capacidad creativa, sino únicamente su sentido de la oportunidad para sumar a la compleja industria de las noticias.

Se cuestiona la superficialidad y la pérdida del contacto directo con la realidad, lo que a su vez da paso al mundo virtual que vemos en la televisión o el Internet.

“La manipulación de las noticias en los medios, nos convierte a todos en prisioneros de un lenguaje reducido, pobre y limitado”.

La industria de las noticias domina un panorama que abarca no solo la manera como se realiza el trabajo periodístico, sino los nuevos roles que cumplen los reporteros.

Retorno al periodismo clásico

Es necesario retornar a las formas creativas de “contar historias” que hacen acopio de la sensibilidad, la capacidad de relacionarse con el otro y la creatividad para producir textos ricos en descripciones. Estos elementos se han perdido ante la avalancha de imágenes que hoy dan cuenta de lo que sucede en el mundo.

“Ver no es comprender” en un modelo informativo dominado por la imagen y el rating.

Hay que reivindicar la narración como medio para recuperar las bases del periodismo. Los diarios podrán subsistir en el siglo XXI si logran mantener el equilibrio entre el modelo tradicional de las noticias (pirámide invertida), el manejo de información con antecedentes y contexto, y la posibilidad de construir historias contadas por eficaces narradores.

Desaparición de la comunicación colectiva

Si primero fue el pueblo y luego la masa, después de la modernidad son quizás las redes las estructuras a través de las cuales las sociedades contemporáneas se organizan e interactúan. (Basado en Dr. Guillermo Orozco Gómez).

No obstante, en el ámbito específico de la comunicación de la masa, se está pasando a las redes, vía la audienciación, que es quizá el fenómeno o tendencia contemporánea más generalizada, aun en sociedades primer mundistas.

Audienciación que es en sí una estancia, no sólo el paso hacia un estadio diferente, y por tanto confiere estatus concreto a los sujetos que la experimentan. Entender esta característica es fundamental para comprender posteriores cambios socioculturales estimulados por la mediación tecnológica.

En la medida en que se ha realizado una mediación tecnificada, que otros llamarían “massmediación”, y que este fenómeno sin precedentes del intercambio societal en su conjunto haya caracterizado la segunda mitad del siglo XX, y aún continúe en este siglo, también se ha gestado paralelamente una audienciación masiva de las sociedades.

Lo anterior significa que uno de los atributos que mejor caracteriza a las sociedades de hoy es, justamente, que éstas han llegado a ser audiencias múltiples y simultáneas de diversos medios y luego de diferentes tipos de referentes mediáticos y tecnologías.

Mezcla de interacciones mediáticas con los viejos medios

Por lo menos en América Latina, la audienciación de las sociedades está en su pleno apogeo con la llegada de algunos servicios comunicacionales como la televisión de abonados en sus distintas modalidades.

Y no obstante las transformaciones mediáticas que teóricamente son posibles o se pronostican en el corto plazo, siguen y seguirán siendo las interacciones mediáticas con los viejos medios las dominantes en amplios sectores de la mayoría de los países, por lo que se hace necesario entenderlas mejor en todo lo que implican.

Ser audiencia hoy –y empezar a ser red o llegar a ser red mañana- significa para los actores sociales por lo menos tres cosas:

Transformación estructural: En primer lugar, significa una transformación sustancial de su estructuración. La cohesión y divisiones estamentarias tradicionales que antes definían a los actores sociales como género, edad, clase social y etnia, o por pautas más situacionales como tipo y lugar de trabajo, nivel educativo, orientación política o religiosa, cada vez más se definen dentro de una espiral de mediaciones que hacen estallar sus límites privilegiando los criterios transversales de segmentación mediática: “dime qué ves y escuchas y te diré qué gustas y sientes”; y segmentación tecnológica: “dime dónde navegas y con quién conversas (chateas) y sabré cómo estás y quién eres”.

Criterios estos que a la vez que inauguran y diferencian  segmentos a partir de interacciones mediáticas e informaciones específicas, enfatizan el juego de subjetividades y de modos de percepción y reconocimiento, ubicados en el ámbito de lo simbólico (siempre tecnificado).

Vínculos con el entorno: En segundo lugar, ser audiencia también modifica el vínculo fundamental entre los actores sociales con su entorno y con los acontecimientos y fuentes tradicionales de información: barrio, amigos, familia, compañeros de trabajo o de juego, por una parte. Por otra, con las fuentes institucionalizadas como el gobierno o la iniciativa privada.

Las ventanas de las casas son  suplantadas por las pantallas de los televisores y los ordenadores, mientras que las plazas públicas y las calles, otrora lugares colectivos de los encuentros para un número creciente de las poblaciones, son sustituidas por los chats y las incursiones en los sitios en la red.

Los encuentros personales se reducen y aumentan los contactos virtuales y las experiencias vicarias (a través de las pantallas y la tecnología). Pero sobre todo, la participación posible de los sujetos se traduce y reduce a meras exclamaciones o reclamos al viento o en compulsivos zappings bajo techo.

En contraparte, la representación mediática y la virtualidad continúan su crecimiento vertiginoso y se consolidan doblemente como productos y procesos, a la vez que como mediaciones privilegiadas para conocer, sentir y gustar.

Se trata de la mediación videotecnológica sedimentada en las “virtudes” implícitas que como medio posee la televisión de instantaneidad, verosimilitud y alta fidelidad, que confieren a la evidencia visual veracidad, al tiempo que la ponen “frente a los propios ojos del televidente”, anclando su naturalización y legitimidad en su ancestral (y bíblica) confianza en lo que ven; y a la mediación informacional (digital) sedimentada en la interactividad que parece diluir las fronteras entre productores y consumidores de conocimiento, al ofrecer la sensación de ser no sólo receptores sino también emisores del conocimiento construido.

Aquí realmente hay que plantear una gran duda ¿Permitirá la nueva tecnología modificar sustancialmente las condiciones de producción de conocimiento o sólo nos permitiría ciertos rangos de libertad y creatividad mayores, pero siempre enmarcados en condiciones que no fueron ni de nuestra producción ni de nuestra elección?

Estas mediaciones (visuales y digitales) invaden y erosionan  los modos ilustrados, orales y escritos de percepción, apropiación, producción y circulación de saberes, conocimientos, juicios, opiniones y nociones, incidiendo también en una transformación desbocada de algunos usos sociales de lo percibido, apropiado y (re)producido por los actores sociales.


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