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¿Qué nos ha enseñado la pandemia sobre la incorporación de la tecnología en educación?

Cristian Celedón* | Jueves 24 de Septiembre, 2020

Con prácticamente todos los sistemas educativos de la región funcionando de manera remota, como nunca antes se había visto, la utilización de herramientas tecnológicas y la articulación de espacios digitales de aprendizaje han estado a la orden del día. Miles de docentes y estudiantes han debido migrar repentinamente a entornos virtuales de enseñanza, incorporando recursos digitales que muchos de ellos jamás habían ocupado para estos fines. Bajo esta disrupción, las comunidades educativas se han percatado que la tecnología por sí sola no genera impacto educativo, si es que no es acompañada con ciertas competencias y habilidades digitales que permitan su correcto uso pedagógico.

Y es, en efecto, en este punto donde podemos rescatar un importante aprendizaje desde lo acontecido durante la pandemia: la importancia de comprender que la simple aproximación de las comunidades educativas al uso de la tecnología, sin una apropiada estrategia formativa, metodología de mediación y acciones de formación docente/estudiantil, no marcara impactos relevantes en el desarrollo de las habilidades digitales.

 

Muestra de esto han sido los constantes fracasos a nivel latinoamericano en las políticas educativas del tipo “1 computador por estudiante”, cuando estas no son provistas con un conjunto de estrategias de acompañamiento pedagógico que favorezcan el apropiado acople de las TICs y TACs dentro del trayecto formativo. Un ejemplo destacado en esta línea lo observamos con el Plan Ceibal de Uruguay.

Este programa remonta sus inicios al 2007, pero ha sido durante la presente disrupción donde ha dado más que hablar, ya que ha permitido al sistema educativo uruguayo ser el más y mejor preparado para enfrentar la contingencia del Covid-19. ¿Casualidad? Por supuesto que no. Este plan concibe que, además del acceso a una computadora, es también necesario asegurar a cada escuela, docente y estudiante la conectividad necesaria, y, a modo de mediación para el aprendizaje, proveer de formación y recursos digitales que permitan el correcto uso educativo de la tecnología, logrando crear lo que la prensa uruguaya ha llamado “cultura digital escolar”.

¿Todos los países con programas en esta línea exhibieron resultados similares?: No. En contraposición al caso uruguayo, vemos el de Chile, que, a pesar de exhibir proyectos de fortalecimiento del uso de la TICs en educación desde 1992, con el Programa Enlaces, y ser consignado por el Foro Económico Mundial el 2015 como el país latinoamericano con mayor incorporación de tecnología en la educación, no fue posible observar la misma capacidad de afrontamiento y articulación, si comparamos con el caso uruguayo. ¿Qué diferencia ambas experiencias? Que la tecnología no sirve de nada si, por un lado, no es correctamente mediada y estratégicamente incorporada dentro del sistema educativo para crear una “cultura digital” y, en un segundo lugar, si el acceso a la misma, considerando recursos pedagógicos y de conectividad, no se trabajan bajo una perspectiva de equidad. Como indica el experto chileno educativo, Eugenio Severin, uno de los problemas del caso chileno no ha sido necesariamente la migración hacia la educación online en sí, sino las precarias y tardías medidas de mitigación que se desplegaron frente a la disrupción del Covid-19.

 

Entonces ¿Qué debemos hacer? A nivel gubernamental, se deben robustecer las políticas educativas relacionadas con la integración de las TICs y TACs como un eje central del currículo, potenciando además la incorporación de estos elementos en la formación inicial docente. Todo lo anterior acompañado de una democratización en el acceso a la tecnología e Internet. A escala de las instituciones educativas, es clave generar acciones que permitan a los y las docentes no sólo mantener los aprendizajes que han obtenido debido a la pandemia, sino que profundizarlos e incentivarlos, dando protagonismo a la innovación pedagógica docente, al uso de plataformas tecnológicas y espacios virtuales de enseñanza, no como una moda, sino que integrándolos transversalmente en todas las disciplinas, como ejes relevantes en los proyectos institucionales y la cultura educativa.

 

*Cristian Celedón.

Especialista en Innovación Educativa. Asesor Universidad de Chile (Chile).

 

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