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Traición del hombre Cero

Nelson Raúl Murillo Murillo* | Martes 23 de Junio, 2020

Decía José Martí, prócer de la independencia de Cuba, que “la patria es ara (altar), no pedestal”. A propósito de esa significativa cita, pienso en el traidor hombre Cero de Nicaragua, Edén Pastora Gómez, quien a lo largo de su historia sólo pensó en saltar de un pedestal a otro para alimentar su ego, siempre con el cuento de la patria, no importa en cuál trinchera estuviera.

Un mero oportunista... Pasó de héroe a traidor. Fue antisomocista, luego sandinista, en 1981 desertó; pasó a la contrarrevolución financiada por el entonces Presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan. Más tarde sandinista otra vez, por evidente conveniencia, pues no soportaba estar solo, en la ruina y olvidado. Fue así como su ocaso se dio a la sombra de la bota del dictador Daniel Ortega.

Con una labia terrible, Pastora tenía como deporte manipular, demostrar que sabía y así ganaba el protagonismo que le daba vida. Un especialista nato en pararse donde calentaba el sol, al calor de los dólares y frente a las cámaras de los medios de comunicación. Hizo de Costa Rica su plataforma personal, muchas veces, desde que era perseguido por espías y militares de Somoza, hasta que se valió del país y de políticos corruptos, más que complacientes, para organizar aquí su Alianza Revolucionaria Democrática (ARDE), con el apoyo de Estados Unidos, para efectuar la lucha contrarrevolucionaria en el sur de Nicaragua.

Sin ninguna modestia se autoproclamaba el Sandino “moderno”, y fue así como cruzó de una acera a otra, en medio del descaro, la ausencia de credibilidad y las ocurrencias que planteaba y concretaba, aún bajo la responsabilidad de enfrentar a Nicaragua y Costa Rica, incluso en la Corte Penal de La Haya, Holanda, donde el Gobierno costarricense ganó un litigio fronterizo por el cual Nicaragua debió apechugar una indemnización por violación a la soberanía tica y dolorosos daños ecológicos en la isla Calero, como la deforestación y la apertura de caños, entre otros. Su momento de gloria fue la toma del Palacio Nacional, como guerrillero sandinista, el 22 de agosto de 1978.

Logró canjear al dictador Anastasio Somoza Debayle diputados a cambio de presos políticos, lo cual marcó, según los analistas, el inicio del fin de la dinastía de los Somoza, cuyo periodo de crueldad, ruina y corrupción fue de 42 años. Desertó de las filas sandinistas para unirse con Reagan, hecho que le generó a Pastora un descrédito internacional, sobre todo por involucrar al sacrificado pueblo nicaragüense en otra guerra, también alimentada desde Honduras por otro bloque contra jefeado por Adolfo Robelo.

Después del éxtasis rebelde que le significó la toma del Palacio Nacional, y el posterior triunfo de la Revolución Sandinista, el 19 de julio de 1979, Pastora no quedó contento con el puesto de Viceministro del Interior. Algo de poca monta para él, en ese entonces considerado un héroe por muchos.

Para seguir siendo él, por encima de principios y lealtades, el 8 de julio de 1981 desertó del sandinismo imperante porque a su juicio se enrumbaba hacia el comunismo y optó por abrazarse con el imperio del norte, con Reagan a la cabeza. Ya desde la “contra”, Pastora chocó con pared. Por no querer unirse con la Frente Revolucionario Democrático (FDN) que operaba desde Honduras, con Alfonso Robelo al mando de los exguardias somocistas, Estados Unidos le cortó la ayuda a Pastora para su lucha antisandinista, tanto Reagan como el Congreso de Estados Unidos se deshicieron de él en cuestión de horas.

Fue así como planeó una conferencia de prensa en su comando de La Penca, en la cuenca del río San Juan, en la tierra de Darío y Sandino, con la ayuda de sus aliados, tanto nicaragüenses, como costarricenses, incluso algunos funcionarios del Ministerio de Seguridad, para no dar el brazo a torcer y expresar al mundo, en el contexto del conflicto militar centroamericano, que seguiría luchando solo, con sus hombres nada más, por medio de ARDE, para logar “una Nicaragua libre, así sea comiendo carne de mono en la montaña”. Un “show” verdadero.

Sus leales combatientes sí la pasaban mal, sin embargo, Pastora hizo de la guerra un negocio viajando al exterior con frecuencia, con dinero de la Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) en función de sus ansias de poder, fama y dinero.

El 30 de mayo de 1984 Pastora improvisa una conferencia de prensa en su comando y, como se sabe, el argentino Roberto Vital Gaugine, entrenado por cubanos y al servicio de los sandinistas, se filtró como periodista, con identidad falsa, ayudado por un reportero sueco afín a Ortega y detonó una potente bomba cuando la rueda de prensa apenas registraba unos 14 minutos, con la presencia de periodistas extranjeros y nacionales que cubrían la situación tan complicada porque las potencias tenían sus garras metidas en el pastel llamado istmo para repartírselo y afianzar su hegemonía.

Con años de especulaciones de todo tipo, conjeturas variadas y lentitud en los estrados judiciales, el impune acto terrorista no solo significó un duro golpe a la libertad de expresión, a la dignidad del trabajo de los periodistas, sino que se convirtió en la primera conferencia de prensa del mundo atacada por terroristas. La segunda tuvo lugar en Afganistán en el 2011.

Pastora cambió tantas veces como quiso la versión del acto terrorista de La Penca; siempre se lavó las manos, fue especialista en culpar a otros, tanto a la CIA, a los sandinistas, a los cubanos de la isla, a los de Miami, a sus enemigos en Costa Rica, en fin… Su versión dependía de la trinchera que ocupaba en el momento.

Ese vil crimen de guerra fue calificado de lesa humanidad por el Ministerio Público, y al agotarse la vía judicial porque el único imputado –Vital Gaugine- había desaparecido (o fallecido) en el atentado terrorista del cuartel de La Tablada, en las afueras de Buenos Aires, Argentina, el Colegio de Periodistas interpuso una denuncia en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en agosto del 2005, cuando la impunidad del caso era de 21 años. Y ese organismo, adscrito a la Organización de Estados Americanos (OEA) tardó 12 años y 5 meses para admitir la demanda del Colegio.

Por fin la CIDH acogió el 8 de enero del 2018, por la “vía rápida”, sin que a la fecha haya salido humo blanco. Evidentemente Edén Pastora nunca dijo todo lo que sabía sobre la acción terrorista de La Penca, con un saldo de 7 muertos (3 de la prensa y cuatro guerrilleros) y 22 heridos, entre extranjeros y nacionales.

Cuando se conmemoró el X aniversario de La Penca, Pastora dijo desde Managua que algún día diría la verdad sobre ese acto terrorista, y que más adelante escribiría sobre tan sonado suceso, que no le impidió su posterior acercamiento con el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y menos su renovada amistad con el dictador Daniel Ortega, quien lo nombró Delegado Presidencial en el Departamento del Río San Juan, con la orden expresa de impedir que los costarricenses navegaran libremente por el río San Juan pese a los derechos reconocidos en el Tratado Cañas – Jerez. Y por cumplir con ese pedido al pie de la letra, Ortega lo premió con una finca cerca de Rivas, decomisada a los somocistas.

Con una vida intensa, plagada de incoherencias, intereses personales, bajo el manto de la impunidad, Pastora mordió la mano que le dio de comer: Costa Rica, donde siempre se refugió, tanto desde la época de Somoza, pasando por la persecución sandinista y como contrarrevolucionario que llevó a cabo la guerra de ARDE en el sur de Nicaragua desde el territorio nacional, donde anduvo como Pedro por su casa.

Nunca tuvo la humildad de agradecer a Costa Rica la ayuda brindada en diversas épocas muy convulsas, cuando su vida peligraba. Tampoco dijo todo lo que sabía del impune acto terrorista de La Penca, que el 30 de mayo llegó al 36 aniversario. Siempre oportunista, manipulador, traidor. El culto al ego lo llevó a la ruina moral, con total pérdida total de credibilidad y muchas caretas a lo largo de sus 83 años. No se quiso ni así mismo, pues no conoció la autoestima y menos las virtudes de ser agradecido y humilde. Su ego siempre fue prioridad.

 

 

 

*Carné 360

Sobreviviente del acto terrorista de La Penca Periodista

 

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