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Su Criterio

Izvestia en la cuerda floja

Luis Cartín S.
Primera Plana

Lunes 13 de Marzo, 2017

El periódico Izvestia, una de las murallas que protegieron a la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), está pasando duros momentos y no se descarta que sus puertas se cierren.

Cuando uno visitaba la URSS era impresionante leer las diferencias entre el diario creado por Lenín y otros medios como el Pravda.

En San Petersburgo soplaban vientos revolucionarios mientras el zar dejaba la capital y el imperio entraba en su fase final. En ese contexto un puñado de bolcheviques, entre ellos Lenin, se apoderaron de una imprenta y dieron vida al diario de la revolución: Izvestia.

El primer número, con una tirada de 100 mil copias, vio la luz el 13 de marzo de 1917. Dos días después, Nicolás II abdicó y Rusia ya no sería nunca más la misma.

Hoy, 100 años después, Izvestia sigue teniendo su lugar en los kioscos, aunque la gloria del diario -la voz del Kremlin durante la larga vida de la URSS y feroz competidor de Pravda- ya es historia.

Renacido en versión liberal de las cenizas tras el derrumbe de la Unión Soviética, y en continuidad con el pleno apoyo a las políticas reformistas de Mijail Gorbachov, desde 2008 forma parte del Grupo Nacional de Medios de Yuri Kovalchuk, un firme aliado de Vladimir Putin.

El apoyo incondicional a Putin -y el estilo cada vez más tabloide adoptado en el curso de estos años- le costó caro al periódico en términos de consenso entre lectores rusos. Izvestia tiene hoy día una tirada de 70 mil copias.

"El periódico -dijo al Moscow Times Oleg Kashin, periodista que trabajó por poco tiempo en el diario- ha disipado su marca y recursos. No me sorprendería que cerrara".

Un juicio demasiado duro, no compartido por la redacción del periódico, que reivindica la presencia en línea -cada vez más importante- y el orgullo de pertenecer, de todos modos, a uno de los diarios más prestigiosos de Rusia.

Es innegable, sin embargo, que la época de las ocho millones de copias ya es un recuerdo lejano. Izvestia ha sido siempre una prueba de fuego de la relación entre medios y poder.

Si con Stalin era usado como arma contra "los enemigos del Estado", con Nikita Kruschev se volvió un laboratorio para la política de apertura del nuevo líder, y hasta tuvo permitido criticar la política económica del gobierno.

El diario tuvo entre sus directores a Nikolai Bukharin y participó en la destitución de León Trotsky, para luego ser liquidado en la época de las purgas en un célebre proceso sumario.

Sin contar con la rigidez del sistema soviético, Izvestia ha podido siempre reivindicar la mayor autonomía al interior del bloque soviético. Y así, cuando Putin decidió adoptar una política de control de los medios, no fue casualidad que el ataque haya partido desde Izvestia, con la expulsión, en 2004, del entonces director Raf Shakirov.

"Fue una decisión política -contó Shakirov al Moscow Times- porque estaba claro que el respaldo hacia Putin iba perdiendo peso". "Ese fue el inicio de una nueva época, la del repliegue de la democracia y de las reformas de Borís Yeltsin", añadió Shakirov.

Y la de la caída al mismo tiempo de Izvestia.

 

 


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