Zona Crónica

Doradas ventas ambulantes

Juvenal Cortez*

Lunes 12 de Junio, 2017

Recargas, líneas telefónicas, cigarros sueltos…, vocifera Wilfredo Lobo, en su punto de ventas de todos los días, desde hace cuatro años. Ahí frente a La Plaza de La Cultura, en el centro de la capital costarricense.

Es lunes. Junio. Del 2014. El reloj dice que falta un cuarto para las ocho de la mañana y este vendedor ambulante de 44 años, de origen nicaragüense, ya empezó a ofrecer sus productos que le han hecho ganar mucho dinero.

Precisamente esa es la razón por la cual trabaja en promedio doce horas diarias y de manera corrida. Es decir, para él no hay domingos ni días libres.

Viste juvenil. De tenis negras, jeans azul, en forma de tubo, roto a la altura de las rodillas y medias blancas al estilo Michael Jackson.
La camiseta es tipo polo, color negro. Abrigo también negro con el zíper abierto y una rana con ojos rojos estampada en la espalda de su chaleco Kolbi, con bolsas a los lados cargadas  de tarjetas y líneas celulares.

Ya empezó a vender, casi de forma automática. La primera línea celular es de la compañía Claro. Son mil colones, le dijo a su primer cliente; una chica que pudo hacer su compra sin presentar ningún documento de identidad.

“Aquí gano plata y veo pasar muchos traseros”, dice luego de que la muchacha se alejara y se llevara consigo su mirada.

-Yo no tengo vicios. Mis vicios son las mujeres, pero ellas no me sacan plata. El dinero a mí me cuesta. Salgo diariamente desde las siete de la mañana de Desamparados y me voy a las 7 p.m., y llego a mi apartamento, asoleado, en verano, y en el invierno mojado, y muchas veces ronco de tanto gritar.

Buen negocio

Wilfredo gana aproximadamente cuarenta mil colones por día. Producto de las ventas de líneas celulares y las recargas, tanto electrónicas como también las de tarjetas. Además de eso, hay que sumarle otro negocio: el de la venta de cigarros sueltos. Los vende a 100 y a 200 colones la unidad.

Los fines de semana y los quince y treinta de cada mes son los días que más vende. El resto del tiempo su ganancia diaria es en promedio de treinta mil colones.

Con las ganancias obtenidas de las ventas informales, paga el alquiler de un apartamento. que le cuesta, ¢150, 000, en Desamparados, San José. Allí vive con su compañera sentimental, Lucía. Ella labora de empleada doméstica.

Del mismo modo, le manda a sus hijos en Nicaragua $100 quincenalmente.  Andrés, de nueve años y Andrea, de siete, estudian en primaria y viven en la casa de los abuelos paternos.

-Antes ganaba más. La gente hacía fila para comprar las líneas telefónicas. Antes de vender esto, trabajé en la construcción y como guarda de seguridad y, de éste último trabajo, me echaron porque me “comí” la primita del jefe. Y sin culpa porque era ella la que se me metía. Yo soy hombre. Yo estuve desempleado casi veintidós días, e indocumentado, por eso me vine a esta Plaza a ver pasar a la gente. Porque aquí pasa gente de todas partes. Gringuitas, nicas, ticas y, también es divertido ver tantas palomas.

Fue una mañana, recuerda, en la que estuve así, toda aquella mañana. Y en la tarde, como a las 2 p.m. vi a mi primo Luis que estaba vendiendo líneas y recargas en esta esquina. Me acerqué a él, lo saludé y le conté que me quedé sin empleo.

Él me dijo: “¿Por qué no me ayudás? Cuádrate allí”.

-Y empecé a vender con la cabeza agachada porque me daba pena. Y así estuve, ofreciendo durante dos horas. Y vendí cuarenta mil pesos y le dije a él, mira ya vendí cuarenta mil colones. Ya me voy. Y yo pensé que tal vez me iba a dar unos diez mil pesos, por ayudarlo a vender. Y él me dijo: No jodás, esa plata es tuya. Vení mañana para que vendás más. 

Al día siguiente Wilfredo llegó a las 5 a.m. Vino y vendió líneas que le dejaron de ganancia sesenta mil colones. Y regresó a su casa contento porque ya tenía un nuevo empleo y ¢100 000 en menos de dos días, luego de convertirse en vendedor ambulante de clase alta.

Claro, Movistar, Full móvil y Kolbi, compañías celulares que donan las líneas, tanto a él, como a otros vendedores informales. Ellos son denominados multilíneas. Éstos compran las recargas y las compañías les dan las líneas. De esta manera, se produce una especie de intercambio de favores.

No hay pérdida

Sobre el bulevar donde vende Lobo, hay otro multilínea, Juan. Pero también hay seis más (mujeres y varones), que ofrecen solo productos Kolbi.
Son empleados directos de Kolbi. Tienen seguro social y un salario base de ¢190 000, quincenalmente. Aunque podrían llegar a ganar hasta ¢250,000, dependiendo de cuántos clientes pasen a Kolbi, con el mismo número. Por esa tarea que les delega Kolbi, ellos reciben ¢2000 adicionales. Y no venden líneas, sin que les presenten un documento de identidad.

Wilfredo solo llegó hasta sexto grado. Y para trabajar en lo que hace, ha recibido capacitaciones básicas de parte de las compañías celulares. Así aprendió a activar una línea celular y comprar recargas, vía intenet.

Lo que él y sus colegas compran son las tarjetas de recargas y las recargas electrónicas. Por eso cuando la policía municipal le decomisa las líneas celulares nunca reclama. A él no le cuestan nada y en su casa tiene producto de sobra. 

La gente de Kolbi es la que menos le da. Entre veinte y treinta líneas. Movistar le ha dado hasta cuarenta líneas, por día. Hay que saber que la mercancía les llega a los multilíneas hasta sus puestos de oficio por los distribuidores de las compañías celulares.

Ese medio día Wilfredo solicitó, vía celular, su almuerzo. Arroz, frijoles, ensalada, bistec en salsa de tomate y un jugo de frutas. Y se fue a la esquina de La Plaza, a almorzar y dejó el negocio al cuidado de Juan.

Una cajita de cartón mediana, sobre las que tiene los rollos de tarjetas atadas a ligas, sirve para evitar que el viento las vuele. Roja, celeste y verde. Y más allá los cigarros, en una bolsita de gabacha blanca con líneas verticales azules, justo a la par del banquito de Solís, un vendedor de lotería. Camuflados para impedir un posible decomiso.

Justo después de almuerzo, el muchacho, que le cuidó el producto durante la hora de almuerzo, le pasó una información útil: allí anda el gordo jodido.

Al margen de la ley

Un oficial de la policía municipal camina despacio con su compañera de oficio, una chica de unos 29 años. Bajaron sobre el bulevar. Luego de andar unos cincuenta metros, volvieron y pasaron a la par del negocio. Allí se detuvieron. Llamaron a Wilfredo y le preguntaron: “¿De quién es ésta cajilla?” Y él les contestó: “Es mía”.

“Ya le he dicho que no la ponga sobre el bulevar, y que si le va a vender a alguien, llévelo allá, a la vuelta, y le vende lo que le tenga que vender, pero aquí no. ¿Entendió? Que no se repita”, le advirtió el policía.

Wilfredo tomó la cajita y la sostuvo entre sus manos. Los policías siguieron su camino, sin mucha prisa, y el vendedor ambulante con su oficio. Los clientes, que en ese momento le preguntaban por cigarros sueltos, le pagaban y se iban a servir a la bolsita, con toda confianza.

Wilfredo sabe, que ese gordo siempre molesta. Solo él es tan jodido. Distinto al resto de policías municipales. Lo bueno fue que el resto de la tarde los dejaron trabajar sin molestias

Él  trabaja con el pasaporte prestado del primo Luis, últimamente ha ganado hasta ¢220,000, en una semana. De acuerdo con el Ministerio de Trabajo y Seguro Social (MTSS) de Costa Rica, el salario correspondiente a un bachiller universitario en el primer semestre del 2017 es de ¢525,000 mensuales.

En Latinoamérica, ser un trabajador ambulante no es raro, raro puede sonar que uno de ellos gane más que muchos profesionales. Según una publicación del periódico El Financiero, un taxista informal puede ganar más que un director de empresas. Más que un funcionario de gobierno.

- “¿Tiene una línea Full móvil?”, le pregunta un joven a Wilfredo (...) “Viera cómo la he buscado”, añade mientras saca 3 mil colones para pagarla. 
- “Estas líneas se venden a ese precio porque traen un mes de internet gratis”, explica Wilfredo.

Y sonrió.

*El autor es estudiante de periodismo de la Universidad San Judas Tadeo


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