Zona Crónica

Un sábado en Barrio Amón

Elizabeth Rodríguez F.*

Lunes 3 de Abril, 2017

Los ticos nos quejamos mucho. Y sí, yo me quejo de que no se pueda andar en San José de noche y poder sentarme en un parque a mirar las estrellas.

Pero una vez al año -el primer sábado de marzo para ser precisa- hay un espacio en donde uno se puede salir de lo convencional en un barrio pintoresco, lleno de cultura e historia: el Barrio Amón en San José.

Amón Cultural es el nombre de un festival que lleva ya tres años consecutivos de brindarle alegría a los costarricenses que gozan del arte, la música, el baile, la buena comida, y simplemente de deambular por las calles josefinas sin rumbo alguno. Este lugar, con o sin festival, es toda una experiencia. Pero hablemos del festival, que de eso se trata esta crónica.

Si usted no pudo ir este año, tiene una parada obligatoria y una cita desde ya para la próxima edición. Apúntelo de una vez.

Punto de partida

Comencemos el recorrido. Si va en carro, le recomiendo buscar parqueo detrás del edificio del INS, pues conforme avanza la noche se complica manejar por esas calles.

Si viene en bus, todavía mejor. Así se sentirá más libre y contribuirá con la disminución de las presas y a reducir la contaminación. Tema del cual se podrían escribir 40 crónicas en un día.

Existe un punto estratégico donde converge todo y ahí uno se llena de ilusión, pues puede comprobar cómo cuando los vecinos se comunican entre sí y se organizan, muchas cosas buenas pueden pasar en el mundo.

Pero no divaguemos. Al punto que me refiero es el Centro Costaricense de Producción Cinematográfico, conocido como Centro de Cine y el bulevar que lo lleva hasta una callecita como de cuento de hadas, con unas casas tan increíbles que no dan ganas de irse nunca. O más bien, dan ganas de vivir ahí.

Durante el trayecto encontrará gente jugando a saltar la cuerda (y por gente me refiero a personas adultas y niños por igual), moviendo la cadera al ritmo del hula-hula, pero, sobre todo, disfrutando.

Me asombró ver un picnic compartido a un costado del edificio de la Alianza Francesa. Un picnic donde usted se sienta en una calle, a la par de un extraño, y comparte. Suena raro, ¿verdad? Verse a los ojos, sin celulares, ni WhatsApp, ni todos esos inhibidores que curiosamente se hacen llamar “redes sociales”.

Experiencia única

Parte de la peculiaridad de Amón es que posee muchas cuestas, aceras angostas (como en la mayor parte de San José, en zonas donde se agradece la existencia de estas), edificios muy llamativos con puertas de colores y espacios en donde uno normalmente no esperaría que un músico montar su equipo y nos deleitara con un excelente concierto.

Pintores con sus obras colgadadas en la pared, un músico, y la típica venta de tiliches con un payaso al lado haciendo su negocio con las palomitas maíz.

De repente, va usted abrumado por tanta cosa, y sale de esa casa una persona invitándolo a pasar adelante. “¿Yo?, ¿puedo entrar?”, pregunto. La puerta roja, con portón azul, se asemeja al ropero de Narnia y adentro me espera un espacio lleno de arte, inundado de talento y sonrisas.

El frío de la noche ya se había comenzado a filtrar por la bufanda (olvidé mencionar que es mejor que traiga abrigo), pero una vez adentro de la casa desapareció.

El olor a madera característico de lo antiguo, la voz de la gente que se une como una melodía de un espacio concurrido, lo hacen a uno olvidarse de las incomodidades del mundo exterior.

Si escucha con atención, al salir de la casa, a lo lejos, se aprecia el palpitar de un parlante lleno de energía. Unas 50 sillas blancas, todas en fila y ordenadas están a la espera de ser ocupadas por más espectadores que llegarán a disfrutar de las presentaciones restantes.

Más gente brincando al ritmo de coreografías contemporáneas o música cargada de letras cargadas de sentido e intelecto.

Los niños que daban saltos en la acera, hace rato se fueron a dormir. Los adultos que compartieron su almuerzo, siguen ahí, sonrientes. 

Gracias a la organización de la Casa Cultural Amón (Unidad de Cultura y Deporte San José) del Tecnológico de Costa Rica, cientos de personas disfrutamos de una tarde-noche única e inolvidable.

Y bueno, ya que llegamos a este punto de complicidad, déjeme incentivarlo a que siga conociendo San José. Sólo participando se pueden seguir llevando a cabo festivales como este.

Los vecinos se propusieron revalorar su comunidad y sentarse a tomar café con ese viejillo tan sabio y lleno de anécdotas, llamado Barrio Amón. 
San José es mucho más que presas y basura. San José es juventud, emprendimiento, arte, talento, historia, cultura, esfuerzo, trabajo, sudor y ganas…

San José es pura vida.

*Estudiante de periodismo de la Universidad San Judas Tadeo

 


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