Primera Plana
Criterium


Celebremos pero demos el próximo paso

Otto Vargas Masís | Martes 4 de Mayo, 2021

El informe 2021 de la organización internacional Reporteros sin Fronteras confirma una realidad ineludible: Costa Rica es un paraíso para el ejercicio del periodismo.

El ranquin nos sitúa en el quinto lugar, apenas superado por los países nórdicos: Noruega, Finlandia, Suecia y Dinamarca.

 Eso debe ser motivo de orgullo, pues ratifica las luchas pujantes de aquellos colegas que nunca han escatimado esfuerzos en defender la libertad de expresión como un derecho fundamental de los seres humanos, como en su momento lo hizo Mauricio Herrera al acudir a la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Porque Costa Rica se ha caracterizado por ser un país respetuoso y defensor del derecho a la información, promovido a través de leyes que consagran el sagrado derecho de ofrecer a las audiencias información oportuna y veraz.

Los periodistas gozamos de normativa que protege nuestro trabajo, pero nos enfrentamos a múltiples amenazas, en especial ante la aparición de especialistas de la desinformación, un fenómeno otrora conocido como fake news que tiene el potencial de socavar las democracias.

El quinto lugar es un logro enorme, pero todavía queda mucho camino por recorrer.  Con frecuencia los periodistas nacionales se quejan de que sus solicitudes de información no son bien atendidas o son sorteadas mediante evasivas.

Debería existir claridad de que los periodistas, por más de que sus posturas sean críticas hacia los funcionarios o las instituciones, no son sus enemigos; son profesionales que cumplen con su trabajo y merecen respeto y atención.

Nosotros, los periodistas, también tenemos que avanzar; hacer un mea culpa, si es del caso.  Debemos retomar aquello de que nuestra sagrada misión exige compromiso irrestricto con la verdad… y nada más que la verdad.

Ningún periodista debería banalizar a sus fuentes por crear simpatía entre sus seguidores de redes sociales.  La credibilidad lo esto todo para un comunicador.

Ningún periodista debería creerse a sí mismo un justiciero porque al hacerlo es probable que pierda la lucidez del juicio para dar cabida a teorías sin fundamento que le hagan caer en la tentación de torcer hechos para ajustarlos a sus hipótesis y fabricar nuevas “verdades”. Con ello las audiencias quedan en un estado de indefensión.

Así como existen iniciativas loables para desenmascarar los fake news, el país debería avanzar en la ruta de consolidar la figura de un defensor de las audiencias.

Aquellos que por convencimiento elegimos incorporarnos al Colegio de Periodistas y Profesionales de la Comunicación, sabemos que con ello nos sometemos a la fiscalización de  nuestro actuar profesional. 

Es lo mínimo que le debemos a un país que elevó a los más alto estándares la libertad de expresión y el derecho a la información.

 

 

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